AVISO DE CURVA Rubén Olvera Marines

24 mayo 2019
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La derrota moral de Ivonne Ortega

Ivonne Ortega Pacheco podría convertirse en la perdedora moral del proceso interno para renovar la dirigencia nacional del PRI. Su oferta política luce impecable, justo lo que un partido como el PRI ocuparía después de la catástrofe que sufrió durante las pasadas elecciones federales. Lamentablemente, quienes mantienen el control de las diezmadas estructuras territoriales y corporativas, parecen no estar dispuestos a ceder la dirigencia nacional a alguien que criticó fuertemente a la administración de Enrique Peña Nieto, y que además habla de invertir la pirámide del poder partidista, para lo cual considera indispensable devolver el control ideológico, programático y de selección de dirigentes y candidatos a las bases del partido.

Históricamente a las bases y militancia priístas los ha acompañado una contradicción inevitable y trágica: aquello que más anhelan, como la democracia, la apertura y la participación, es lo que menos estarían dispuestos a defender o votar en un proceso interno. Ivonne Ortega, podría convertirse en otra víctima de esta circunstancia.

El discurso democratizante y transformador de la exgobernadora de Yucatán se escucha fuerte, pero en realidad, la “línea”, la célebre y perene “línea”, terminará imponiéndose. Por lo tanto, la contienda podría cerrarse entre el actual gobernador de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, arropado por varios de los gobernadores del PRI, y cuyo discurso no desentona con los planteamientos políticos de la actual Administración Federal, y el exsecretario de Salud, José Narro Robles, respaldado por la actual estructura oficial del Comité Directivo Nacional y por los remanentes del peñismo (si es que el peñismo alguna vez existió).

La pregunta es, en ausencia de un jefe político visible, ¿quién tenderá la “línea” en el PRI? Y si es así, ¿por quién lo hará?

La segunda interrogante va para la militancia priísta: cuando la extinción llama a la puerta del viejo edificio de la Avenida Insurgentes de la capital del país, ¿hasta donde estarían dispuestas las bases a escenificar una pequeña revolución para, al menos, podar la habitual “línea”, y llevar a Ivonne Ortega a la dirigencia nacional del tricolor?

Seamos objetivos y reconozcamos que aquí surge una interesante contradicción, y es que Ivonne Ortega no puede ocultar que es la más priísta de los tres aspirantes. A diferencia del coahuilense Narro Robles, cuya carrera abarca el ámbito médico y universitario, la yucateca ocupó prácticamente todos los cargos de elección a los que un político puede aspirar en su estado natal, y lo hizo, sin excepción, bajo las reglas escritas y no escritas del PRI que hoy crítica.

El gen de la disciplina y la verticalidad del otrora invencible partido corre por las venas de la exgobernadora. No hay certeza de que su discurso en contra de la “línea”, el “amiguismo” y el “compadrazgo” se sostenga y se lleve a la práctica al momento de encumbrarse en la dirigencia nacional del PRI.

Apenas en 2018, después de criticar el proceso para la selección del candidato presidencial del PRI, y de reiterar sus intenciones de participar en una contienda interna, Ortega Pacheco terminó declinando y manifestando su apoyo a José Antonio Meade. Situación que fue interpretada como ese ejercicio en el que un político esconde el eslogan democrático y transformador a cambio de sobrevivir en el partido. Tanto que algunos priístas han osado considerar la posibilidad de que la yucateca termine declinando a favor de Moreno Cárdenas.

Dejando de lado suposiciones, la oferta política de Ivonne Ortega representa a una buena cantidad de priístas, algunos de los cuales prefieren el anonimato para luego hacerse sentir en las urnas, que observan en la actual directiva nacional una previsible futilidad que podría llevar al PRI a su extinción total. Por lo que consideran que el perfil crítico y aguerrido como el de la yucateca, reorganizará y posicionará al PRI rumbo a las elecciones federales de la mitad del sexenio.

Pero algunos observadores sostienen que cuando está en juego la sobrevivencia de un partido, no son los discursos morales lo que lo mantendrá a flote. Al contario, otro grupo importante de priístas seguro coincidirán con Moreno Cárdenas y su idea de instrumentar una estrategia racional y factible, en donde situarse como una oposición antisistema a Morena no es la opción correcta.

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