Domingo de Leyendas: El antiguo Convento de la Concepción

19 mayo 2019
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Cuenta una leyenda colonial en México, había tres hermanos que pertenecían a una familia adinerada y muy influyente. Se trataba de los hermanos Ávila: Alonso, Gil y María. María fue llamada posteriormente María de Alvarado, pero nadie sabe por qué se le cambió el apellido.

Siendo la menor y única mujer de los tres hermanos y por tanto la protegida de los mayores, María era una muchacha joven y muy hermosa, quien además era dueña de una gran fortuna. Pero muy a pesar de sus hermanos, se enamoró de un joven mestizo y de origen humilde llamado Arrutia, quien al conocer las intenciones de la joven no dudó ni un segundo en tratar de hacerla su esposa. De este modo pretendía hacerse con tres cosas importantes en la época: una mujer hermosa, una fortuna y el linaje de pertenecer a una familia influyente.

Sin embargo, los hermanos Ávila rechazaron su propuesta y en cambio le ofrecieron una fuerte suma de dinero para que abandonara la ciudad y nunca más buscara a la joven. Así lo aceptó el mestizo y María, ignorante de todo el plan, lloró durante meses la partida de su amado.

con ventoAlonso y Gil, en vista de la pena de su hermana menor, trataron de persuadirla de que ingresara en el Convento de la Concepción y se hiciera monja. Para conseguirlo, le aseguraron que de buena fuente sabían que el joven Arrutia había muerto. El dolor que le causó la noticia pudo más y, finalmente, decidió enclaustrarse aunque no era su idea favorita.

Por su parte, la felicidad de María se apagaba día tras día hasta que llegó el momento en que se supo la verdad. Arrutia había regresado al pueblo por más dinero y María se enteró de todo lo sucedido. Sin pensarlo más, decidió que esa noche terminaría con su vida. Y así lo hizo, subiéndose en un árbol de durazno que había en el convento y tirándose de él atada de una soga.

A la mañana siguiente, varias de las monjas observaron el cadáver de María, el cual tenía un aspecto horrible y muy espeluznante. Sus ojos se salían de sus órbitas y daban la sensación de que observaban a quien la mirara. De inmediato mandaron a taparlo y retirarlo, pero en adelante y durante muchas generaciones, miles de religiosas aseguraron ver el fantasma de la monja colgando del árbol de duraznos.

Hoy en día, el convento de la Concepción funge como una biblioteca de la Secretaría de Educación Pública.

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