José Tomás sigue siendo el rey

13 diciembre 2017
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No hay día más mexicano que el 12 de diciembre, ni español que se sienta más mexicano que José Tomás. El torero, sumido en su silencio, dio un paso al frente para ayudar a su patria de adopción. El diestro más esperado no olvida los momentos vividos en el país que le acogió cuando quiso ser torero.

José Tomás volvió a llenar la mayor plaza del mundo, a generar expectación y a cumplir con su espada y su muleta. Siguió fiel a su concepto y repertorio. Mantuvo su sabor y tono, pero con un reposo visto en los últimos años que da, si cabe, una dimensión más profunda a su toreo.

 

José Tomás está para torear donde quiera y cuando quiera. Las dudas no tienen que ver con su forma física, sino con su motivación. ¿Qué motivación puede tener quién ha ganado todo? ¿Quién llena las plazas cada vez que torea? Hace tiempo que la guerra es consigo y el discurso lo dicta el argumento necesario para que cada tarde sea una ocasión. Y eso es, precisamente, lo que profesionales del toro no entienden, porque no se puede imitar ni replicar.

Desde el recibo de capote a Brigadista, un noble ejemplar de Jaral de Peñas, muy en Domecq, albardado y bociblanco, con verónicas templadas, José Tomás estuvo con un sentido del temple muy marcado. Salió andando de ese primer encuentro y corroboró que está para lo que le echen cuando, capote a la espalda hizo el más característico de sus quites, de frente por detrás, con un cite en terreno comprometido. La plaza en pie.

Se fue a los medios, brindó al respetable y comenzó la sinfonía. A pies juntos, un comienzo por alto, sin rectificar, por alto y un remate sin rectificar un milímetro.

Se echó la muleta a la diestra, tres pases limpios, se cruzaba y sacaba otro y otro en una demostración de compromiso con la profundidad del toreo, limpios y rematados atrás. Así tres tandas, hasta que empezó a deleitar por naturales, dando ventajas al toro y con capacidad para improvisar, convirtiendo un medio pase en un farol para rematar la tanda con el de pecho. La México ya estaba entregada. Más de 40.000 almas gritando a la vez. Cambió de mano, volvió al izquierdo.

Ayudados por alto para terminar de rematar la faena, se tiró a matar a sabiendas de que el toro no estaba cuadrado. El pinchazo inicial y la estocada posterior dejaron el premio en una oreja. Poco importa cuando se vive al margen de estadísticas y récords. José Tomás sigue siendo el rey del toreo.

Abrió plaza Pablo Hermoso de Mendoza, otro de los mitos de México, añejo, sin perder facultades, sin aburrir ni aburrirse, el navarro demostró que ha sido en el toreo a caballo el equivalente de Juan Belmonte en el toreo a pie. Hay un antes y un después en el rejoneo. Tuvo momentos de gran calidad, clavando en el estribo tras ofrecer el pecho del caballo y templando con la grupa tras el embroque. Fácil de contar, casi imposible de hacer.

Joselito Adame actuó en segundo lugar. Se cambió el orden de lidia para alternar españoles y mexicanos respetando la antigüedad dentro de los turnos. Se fue a porta gayola para centrar la atención del público. Dio dimensión de torero largo y cuajado. Le pidieron banderillas, se negó y calló las protestas con un brindis al cielo. Realizó una faena centrada en la mano derecha, con una colada cuando probó el otro pitón. Supo evitar que el astado se rajase. Tras las obligadas manoletinas, se tiró a matar sin muleta, con gran decisión para asegurar la puerta grande.

Octavio García El Payo tuvo detalles de sentimiento ante un toro soso y rajado, su faena se diluyó discretamente.

Tras el cuarto, se fue la luz. Bajó el tono de la corrida y cayó el frío sobre el embudo de Insurgentes. Era el turno de El Juli, otro de los consentidos de esta plaza que le vio debutar de niño, que le meció cuando en España no tenía edad legal para vestirse de luces. Estuvo distanciado y mecánico ante un toro que tampoco merecía más. La estocada saliéndose de la suerte dejó su actuación en un tono gris.

La clase de Manzanares y su facilidad con la zurda, así como una estocada contundente le llevaron a cortar una oreja.

En el sexto Sergio Flores demostró que el trofeo del pasado domingo en esta misma plaza no fue fruto del azar. Variado y asumiendo riesgos supo conectar con el tendido ante un toro de gran movilidad, pero lejos del indulto que algunos quisieron promover. Se lleva dos orejas generosas. Cerró Luis David Adame. El hidrocálido quiso pero no tuvo material y tras una tarde de emociones fuertes, ya no tuvo público con paciencia para digerir probaturas.

México tiene toreros. La diversidad de festejos en toda su geografía ha propiciado una baraja de ases de gran interés. Diferentes en su concepción y ejecución pero todos capaces de mantener viva la llama de la tauromaquia.

El festejo acabó pasadas las nueve de la noche, pero no termina ahí. El miércoles tendrá lugar una subasta de objetos donados por los participantes de la corrida para recaudar un pellizco adicional que sumar a la taquilla.

La empresa de la plaza de toros se comprometió a desglosar las cuentas del festejo el próximo domingo. Su plan no es solo aportar los fondos a los damnificados en la Ciudad de México, sino también en Chiapas, Oaxaca, Puebla y Morelos, los lugares más afectados en los seísmos de los días 7 y 19 de septiembre.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros Monumental México. Corrida Guadalupana, casi lleno. Toros de La Joya, Santa María de Xalpa, Jaral de Peñas (3º y 4º, sobrero), Montecristo, Villar del Águila, Xajay y Villacarmela, de diferentes encastes, presentación y juego. Pablo Hermoso de Mendoza: Silencio. Joselito Adame: dos orejas. José Tomás: oreja. Octavio García El Payo: silencio. Julián López “El Juli”: palmas. Sergio Flores, dos orejas. José María Manzanares: oreja. Luis David Adame: palmas.

Información de: El País

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