La economía mexicana acelera el paso en la primera mitad de 2017

1 agosto 2017
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Iba a ser uno de los semestres más complejos para la economía mexicana en las últimas décadas, pero las apariencias a veces engañan. México creció un 2,3% interanual entre enero y junio gracias al empuje de la demanda doméstica y las exportaciones, y logró sortear la incertidumbre por la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC). En el segundo trimestre del año, la actividad económica repuntó un 3% con cifras desestacionalizadas respecto al mismo periodo de 2016, según ha comunicado este lunes la oficina estadística del país norteamericano (Inegi). Este guarismo supera todas las proyecciones de las casas de análisis mexicanas que esperan, no obstante, una desaceleración en la segunda mitad de 2017.

Los sectores terciario (comercio y servicios) y primario (agricultura y ganadería) fueron los principales catalizadores de la economía mexicana. El primero avanzó un 1% interanual entre abril y junio y el segundo repuntó un 4,1% gracias al empuje del consumo privado y el turismo. Pese a que el daño del discurso proteccionista de Donald Trump sobre las manufacturas ha sido mucho menor de lo que se presuponía—, el sector secundario (que también engloba a las actividades extractivas y la construcción) ejerció de lastre y cerró el segundo trimestre con un ligerísimo crecimiento del 0,6%. En la debilidad de este segmento económico tienen mucho que ver las dificultades que atraviesa el sector petrolero, antaño actor principal de la economía mexicana y hoy relegado a un discretísimo segundo plano.

 El 3% de crecimiento en el segundo trimestre del año supera holgadamente las previsiones de las mayores casas de análisis. Y las obliga a revisar sus pronósticos al alza para lo que resta de 2017. Ni siquiera el drástico aumento de las tasas de interés decretado en los últimos meses por el banco central mexicano para contener la escalada de precios y mantener a raya el tipo de cambio del peso frente a las principales divisas internacionales ha enfriado la economía como cabría presuponer: solo el crédito al consumo ha dado muestras de ralentización, no así las hipotecas o los préstamos a largo plazo.

“Hemos subestimado el desempeño de los tres sectores económicos”, reconocen los analistas de Citibanamex, en una nota para clientes publicada horas después de que se hiciese público el dato de crecimiento en los seis primeros meses del año. El departamento de análisis del tercer banco mexicano pone especial énfasis en la demanda doméstica, que continúa siendo “la sorpresa positiva” de la segunda mayor economía de América Latina. En consonancia, sus previsiones de crecimiento han aumentado hasta el 2% para el año en curso y hasta el 2,5% para 2018.

“Pintaba a una desaceleración del sector servicios y del consumo en el segundo trimestre, pero no ha sido así”, destaca el analista independiente Jonathan Heath. A eso hay que sumar otro punto positivo: el buen comportamiento de las exportaciones en junio, “que debería jalar la inversión en la segunda mitad del año”.

Las noticias positivas para la economía mexicana no se limitan al crecimiento, que cerrará 2017 por encima del de sus principales vecinos: por primera vez desde 2008, en los albures de la crisis financiera global, el sector público ha cerrado el primer semestre del año con superávit fiscal —más ingresos que gastos— gracias al tijeretazo en los gastos y el incremento de la recaudación por la mayor actividad económica. Según las nuevas proyecciones de la Secretaría (Ministerio) de Hacienda, el superávit primario (una figura que ya descuenta los intereses de la deuda) debería cerrar el año en el entorno del 1,5%.

Sin embargo, pese a la proliferación de buenas noticias, la incertidumbre se resiste a desaparecer del horizonte económico mexicano. La mayoría de casas de análisis prevén una ralentización del crecimiento en la segunda mitad del año por la atenuación del consumo de los hogares. Además, a poco más de dos semanas de que los Gobiernos de EE UU, México y Canadá den el pistoletazo de salida a las negociaciones para la modernización del TLC y a la vista de la imprevisibilidad de Donald Trump, nadie se atreve a lanzar las campanas al vuelo.

Un giro inesperado en las conversaciones dañaría severamente las perspectivas de crecimiento mexicanas habida cuenta de que EE UU es su primer socio comercial y de que buena parte de sus inversiones dependen directamente de Washington. Este plano, el de la inversión privada, es el tercer talón de Aquiles de la economía mexicana: tras contraerse un 0,1% interanual en el primer trimestre, los principales analistas estiman que la caída rondará el 2% entre abril y junio. De su evolución en los próximos meses dependerá buena parte del desempeño de México a medio y largo plazo.

Información de : El País

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