Lo que no se mide
Hay una frase muy conocida en los negocios: lo que no se mide, no se puede mejorar. Y pocas instituciones encarnan mejor esa idea en México que el INEGI. Durante décadas, el Instituto ha construido un enorme prestigio por su seriedad y rigor técnico. Sus datos no son sólo estadísticas: nos ayudan a entender dónde estamos y, sobre todo, hacia dónde debemos avanzar.
Hace unos días se publicaron los resultados de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, la ENVIPE 2026. Por primera vez, Coahuila se colocó como la entidad con la mayor percepción de seguridad del país: el 72.2% de la población se siente segura de vivir en nuestro estado, frente a un promedio nacional cercano a solo el 26%.
¿Para qué sirven estos datos? Para tomar decisiones. Le sirven a un empresario que evalúa dónde invertir; a una familia que piensa visitar nuestros pueblos mágicos; a padres de familia que quieren certeza sobre el entorno en el que se desenvuelven sus hijos; y, por supuesto, a los gobiernos, que deben evaluar, corregir y mejorar todos los días. Ese es el verdadero valor de medir.
Y justamente ahora está en campo otro ejercicio fundamental: la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, la ENIGH 2026. Se realiza cada dos años y nos permite conocer cuánto ingresan los hogares, de dónde provienen sus recursos y en qué los gastan.
Pero su importancia va mucho más allá. Con esta información se mide la pobreza y se identifican las carencias sociales. Gracias a ella podemos saber dónde hay personas que no han terminado su educación básica, que carecen de acceso a servicios de salud o seguridad social; dónde faltan pisos firmes, drenaje o servicios básicos; y dónde la alimentación todavía no es sana, variada y suficiente.
Los resultados de 2024 ubicaron a Coahuila entre las entidades con menores carencias sociales del país: primer lugar con menor carencia por acceso a la seguridad social y por calidad y espacios de la vivienda; segundo en servicios básicos y rezago educativo; tercero en acceso a servicios de salud; y cuarto en carencia alimentaria.
Son buenos resultados, sí, pero medir también sirve para no conformarnos. Sirve para identificar lo que falta, saber dónde están los retos y actuar en consecuencia.
Por eso, si un entrevistador del INEGI toca a tu puerta para participar en la ENIGH, recíbelo con confianza. Sólo el 0.55% de los hogares serán encuestados, poco menos de cinco mil viviendas habitadas en Coahuila. Participar importa.
La información es confidencial y su valor es enorme. Responder una encuesta puede parecer algo pequeño, pero de esas respuestas nacen datos; de los datos, diagnósticos; y de buenos diagnósticos, políticas públicas, acciones y programas capaces de mejorar la vida de las personas.
Conocer nuestra realidad es el primer paso para transformarla. Medir no es solo acumular cifras: es saber dónde estamos, reconocer cuánto hemos avanzado y, sobre todo, cuánto nos falta por recorrer. Al final, lo que no se mide, simplemente no se puede mejorar.


