La leyenda relata que dentro de lo más profundo de la selva y la ciudad maya de Kabah, se encontraba una anciana mujer, demasiada dada a la magia, todos la respetaban ya que nunca le había hecho daño a nadie. Ella poseía un huevo el cual cuidaba con mucho amor, pasó que un día, este huevo se rompió y de él salió un niño diminuto, el cual adoptó como si fuera su nieto.
Pasó el tiempo y el niño creció muy poco. El día en que se convirtió en un hombre era prácticamente del tamaño de un niño. El niño en realidad era un enano.
Un día al andaba por la selva, se encontró con un tunkul, y lo hizo sonar. Él no sabía que ese instrumento anunciaba una tenebrosa profecía, la cual advertía sobre un inmenso mal que acechaba a los pobladores de la ciudad de Uxmal, muy cerca de Kabah. Rápido su abuela lo llevó a hablar con el rey , el cual le preguntó si podían hacer algo para evitar que la profecía se cumpliera.
El enano le respondió que tendría que construir un camino entre Uxmal y Kabah, y así se hizo.
Cuando el sendero estuvo terminado, el enano le informó al rey que debía pasar una prueba para impedir la profecía. El cual constaba de tomar el fruto más duro que crecía en la región y estrellarlo contra su cabeza. El rey así lo hizo pero el enano se mantuvo de pie.
Pero le tocaba al enano y cuando el hombrecito golpeó con la fruta la cabeza del rey, este se desplomó y murió al instante.
De esta forma el enano se convirtió en el nuevo rey de Kabah y por años había gobernado con justicia y bondad a sus súbditos. Pero al momento de morir quiso aferrarse al plano de los vivos, y continuó reinando con absoluta maldad, torturando a sus súbditos y erigiendo efigies para los falsos dioses.
Varias personas de la zona cuentan que lo han visto deambular, por las ruinas de Uxmal.






