DOMINGO DE LEYENDA: Hotel Posada Don Porfirio (SINALOA)

12 mayo 2024
Visto: 473 veces

Fuente Hotel Posada

Esta leyenda es una de las más antiguas relacionadas con tesoros de que se tiene memoria en El Fuerte Pueblo Mágico, es aquella que abarca misteriosos acontecimientos del siglo antepasado y culmina espectacularmente en el presente. Vamos a dar inicio a nuestra narración y no precisamente por el principio.

La enigmática casa de Doña Arcadia

Un hombre con suerte

Don Porfirio Quintero quién llegó a El Fuerte en el año de 1906 como encargado de la oficina del Timbre (Hacienda) en el gobierno porfirista del Gral. Francisco Cañedo, como Gobernador de Sinaloa, se quedó en esta ciudad para siempre ya que aquí le fue de maravilla, pues corrió con gran suerte al ser partícipe directo de acontecimientos en que la veleidosa fortuna estuvo de su parte.

La compra de la casa: Esto le dio oportunidad de poder comprar en 1921 la magnífica casona colonial de la calle Juárez, ahí viviría don Porfirio el resto de su vida.

La mansión citada venía arrastrando desde un siglo atrás una misteriosa leyenda de fabulosos tesoros escondidos en ella así como de crímenes horrendos cometidos por sus primeros moradores.

Don Porfirio al adquirir la finca, comenzó a restaurarla y acondicionarla para dedicarse a disfrutar de una placentera vida al lado de su joven y hermosa compañera su esposa Carolina

Una extraña mancha: En uno de los cuartos de la casona, a Don Porfirio le extrañó que la vieja pintura que cubría una de las paredes no se veía pareja, es decir, claramente se marcaba un rectángulo donde la pintura adquiría otro tono, como si una pequeña ventana hubiera sido sellada y el nuevo enjarre se diferenciara del antiguo u original.

Pero una cosa más le extrañaba a don Porfirio, aquel misterioso rectángulo se encontraba a una altura no apropiada para que hubiera sido ventana pues en aquella altísima pared de cinco metros, la mancha se dibujaba como a cuatro metros o sea cerca del techo.

Así anduvo Don Porfirio con aquella carcoma, pero dejó pasar el tiempo, después otro detalle le llamó poderosamente la atención, se dio cuenta que aquella pared «ciega» que dividía dos grandes cuartos tenía inexplicablemente dos metros de espesor mientras que en el resto de la casa los muros eran de poco menos de un metro o sea normales.

Esos detalles hicieron que don Porfirio se decidiera a investigar a fondo el asunto, puso a un trabajador suyo y de su entera confianza que le llamaban «Jesús Chiliquillo» encaramado en una escalera a romper la pared donde se dibujaba el parche sobre la vieja pintura que ya contamos.

La demolición aquella no fue difícil, inmediatamente quedó al descubierto un enorme hueco hacia abajo entre pared y pared, utilizando lámparas de mano se trató de «afocar» aquella oquedad, pero la visibilidad no fue buena, algo había en el fondo indiscutiblemente, pero no se podía precisar.

¿Qué procedería hacer?, simplemente romper la pared más abajo, cerca del piso y salir de aquella duda, de aquella emocionante curiosidad que envolvía a los participantes. Pues manos a la obra, se hizo la horadación del grueso muro y la tarea tuvo éxito, las bien fundadas sospechas de don Porfirio de que ahí había algo fueron comprobadas.

Dicen, apareció ante su vista un enorme y fabuloso tesoro en barra de metal precioso y monedas de oro que ahí había sido depositado a granel, el cual se «desgranó» libremente por la rotura, para gran sorpresa, susto y emocionante satisfacción para aquellas dos personas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *