Juego de estrategias
Las campañas electorales están cerca. Lo sabemos porque los pleitos entre partidos, y entre oposición y Gobierno, suben de tono. Los reclamos serán cada vez más viscerales conforme avance el calendario electoral de 2027.
De una u otra manera, los partidos buscan llamar la atención de los votantes. Es como en la escuela, cuando el valentón trata de hacerse notar con alarde de fuerza. A veces funciona; otras, solo hace el ridículo. En política ocurre lo mismo.
¿Esa virulencia discursiva que presenciamos todos los días es realmente una estrategia o es pura palabrería? Echemos un vistazo.
Morena arranca con ventaja. Así lo indican las encuestas. Pero ahora es distinto: los electores ya conocen su forma de gobernar y tienen los elementos para determinar si cumplió sus promesas.
Afirmar que mejoró la seguridad, la calidad de vida, el empleo y el crecimiento, que evitó el endeudamiento o que acabó con la corrupción no entusiasmará a los votantes si no hay números que lo respalden. Mucho menos a los indecisos, que en algunas encuestas rondan el 28%.
Responsabilizar al pasado tampoco resulta tan sencillo como en los primeros años. Tras ocho años en el poder, mirar atrás es mirarse en el espejo. Las llamadas cajas chinas, esos distractores tan socorridos en política, quedaron vacías desde hace tiempo.
En 2027, el discurso de transformación debe pasar de la promesa a la evidencia; del cambio a la rendición de cuentas.
Ante el desgaste de gobernar, Morena echará mano de sus estructuras territoriales y de los gobiernos estatales. Su estrategia será convertir esas ventajas, junto con los programas sociales, en respaldo electoral. Que nadie se asombre; todos los partidos hacen lo mismo para retener el poder.
El PAN, por su parte, habla de reivindicar los gobiernos locales y presume resultados en los estados y municipios que gobierna. Ese discurso es atractivo para votantes de otras entidades. Pero una cosa es tener simpatizantes y otra convencerlos para votar. El problema es que, fuera de sus bastiones, su estructura y su presencia territorial dejan mucho que desear.
Para algunos, la solución está en las alianzas. Se trata de sumar partidos con estructura y capacidad de movilización. En ese sentido, la dirigencia panista ha dado señales a favor de una coalición, pero ciertamente no la ha formalizado como parte de su estrategia. Tic, tac, tic, tac: el plazo vence a principios de enero.
Y aquí entra en escena el PRI. Sus dirigentes afirman que sigue siendo el partido mejor organizado. Presumen una estructura sólida y anticipan cobertura total de casillas. Pero hoy su problema es que ha perdido simpatizantes en muchos territorios. ¿De qué sirve una buena estructura si hay pocos votos para movilizar?
Desde que perdió la elección presidencial en 2018, el PRI no ha logrado recuperar la confianza de los votantes. Sus propuestas y muchos de sus candidatos no conectan con el electorado.
La clave para el PRI está en encontrar una narrativa más convincente. Mientras eso no suceda, de poco servirá su famosa maquinaria electoral.
En resumen, tres partidos y tres estrategias: Morena, aprovechar sus estructuras; PAN, concretar alianzas; PRI, mejorar el discurso.
Luego hablaremos de las partidas de Movimiento Ciudadano, Somos y los aliados de Morena.





