AVISO DE CURVA Rubén Olvera Marines

20 noviembre 2020
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Tercero de MARS

El gobernador Miguel Riquelme Solís llegará a su tercer informe de gobierno acompañado por altos niveles de aprobación según la mayoría de los sondeos de opinión que miden la aceptación de los mandatarios estatales. Asimismo, portará el reconocimiento del priísta que en fechas recientes ha mostrado una mayor capacidad para ganar elecciones, en una época en donde a nivel nacional el PRI es identificado como el partido con las menores opiniones positivas entre los electores.

No obstante, una alta aprobación ciudadana y el triunfo electoral del PRI en octubre no implican el endoso de un cheque en blanco.

Si bien es cierto que la victoria en los 16 distritos locales puede interpretarse como un reconocimiento a su labor en las materias de seguridad y tratamiento de la pandemia; lo mismo que la aprobación de la mayoría de los electores en el sentido de que el gobernador permanezca y figure en la denominada Alianza Federalista, la población le está otorgado un segundo voto de confianza con la esperanza de que mejore la gestión en otros aspectos de su gobierno, entre los que se encuentran la generación de empleo y la economía.

En efecto, la tranquilidad de la que goza el estado, así como la elevada percepción de seguridad, en comparación con el resto de los estados del norte del país, se ha convertido en el símbolo de la gestión del actual gobierno, al grado de vestir la pasada campaña electoral para renovar el Congreso local con la oración “para seguir seguros”.

Asimismo, la participación del gobernador coahuilense como una de las figuras destacadas de entre los diez mandatarios que integran la Alianza Federalista, ha sido bien recibida por la población y por la clase empresarial del estado. El hecho de que en forma directa y sin matices, el mandatario estatal exija a la Federación un mejor trato fiscal para Coahuila, hizo recordar a aquel aguerrido precandidato del PRI a la gubernatura que en 2017 enarboló la frase “A Coahuila lo que le corresponde”.

Al menos en términos políticos, le vino bien haber desempolvado dicha expresión y anclar el argumento fiscal para demandar mayores recursos a favor de la entidad. Lamentablemente, hasta el momento, la posición antagónica no ha rendido los frutos financieros que se esperaban, ya que la Federación continúa dando un trato presupuestal incomodo al estado.

Respecto a la gobernabilidad, en un contexto en donde la oposición mantiene una mayoría en el Congreso y gobierna en cuatro de los cinco municipios más poblados del estado, Miguel Riquelme Solís ha mostrado oficio político.

Por una parte, durante su administración, el gobernador ha establecido una relación cordial, institucional y de coordinación con los alcaldes de oposición; a diferencia de su antecesor, los presidentes municipales no le reclaman la falta de atención o el “jineteo” de los recursos federales etiquetados para los municipios.

En tanto que, en el Congreso, a pesar de que el PRI no tiene la mayoría, la agenda legislativa se ha desahogado con relativa facilidad. Producto, lo anterior, de tender puentes con los partidos de oposición y sus liderazgos.

Las finanzas públicas, por otra parte, constituyen un aspecto de la máxima prioridad para Coahuila. En este sentido, sin echar las campanas al vuelo, el manejo de los presupuestos se aprecia, hasta el momento, educado.

Sopesando la problemática financiera que dejaron sus antecesores, la cual es imposible de solucionar sino hasta después de varios sexenios, un manejo responsable demanda, irremediablemente, una política de austeridad permanente y un análisis estricto de nuevos endeudamientos. Al parecer, ambos criterios se vienen cumpliendo, entendiendo, por supuesto, que se requiere una revisión más profunda de la gestión de los dineros estatales. Entretanto, a la fecha, los escándalos de corrupción se mantienen alejados de la presente administración.

Ahora, ‘no todos los días son quincena’ para la administración de Miguel Riquelme. Considero que los electores convinieron su voto a favor del PRI a cambio de que el gobernador mejore los indicadores de empleo y crecimiento económico de la entidad.

Porque, en efecto, desde finales de 2019, es decir, previo a la pandemia, la economía de Coahuila comenzó a revelar señales hacia la desaceleración.  Los indicadores muestran, por una parte, una consistente pérdida de empleos formales que, a la fecha, suman cuatro trimestres consecutivos en números rojos. Al mismo tiempo, el crecimiento del PIB registra niveles por debajo del cero a partir del último trimestre del año anterior, incluyendo un hundimiento histórico del -26.3% en el segundo trimestre de 2020.

En síntesis, rumbo a su tercer informe de gobierno, Miguel Riquelme Solís presentará buenas cuentas en materia de seguridad, salud y finanzas; también lo hará respecto a la gobernabilidad del estado y, sobre todo, en el componente de la política electoral y partidista.

Sin embargo, tendrá la obligación de asumir un compromiso más preciso y contundente para mejorar la economía.

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