AVISO DE CURVA Rubén Olvera Marines

30 octubre 2020
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El PAN de Coahuila, del ‘ya merito’ a la eliminación

Corría el año de 2017 cuando el PAN estuvo a punto de arrebatar al PRI la gubernatura de Coahuila.  Junto a sus aliados, los de color azul sumaron 452, 014 votos, contra 482, 874 que alcanzó la coalición encabezada por el PRI. Los cómputos finales arrojaron que el panista Guillermo Anaya Llamas se quedó a 2.5 puntos porcentuales atrás de quien a la postre se convirtió en el gobernador del estado, el priísta Miguel Riquelme Solís.

En aquella elección, la cual terminó resolviéndose en los tribunales, a razón de la estrecha diferencia entre ambos contendientes, y a las irregularidades denunciadas por la oposición, Acción Nacional, en alianza con la UDC, logró el triunfo en nueve de los 16 distritos de mayoría para elegir diputados locales.

Sin la UDC, el PAN alcanzó 366, 325 votos en la elección de legisladores locales, lo que representó el 29.93 % (porcentaje que triplicó el 11.01% obtenido por Morena, quien tuvo que conformarse con el tercer lugar y dos diputados plurinominales). Al mismo tiempo, obtuvo la victoria en dos de las tres alcaldías más importantes del estado: Torreón y Monclova.

Aquella fue una jornada histórica para el PAN. De no ser por la arrogancia de su candidato que desdeñó una alianza de facto con otras fuerzas políticas, entre ellas la del independiente Javier Guerrero García; así como a una mala estrategia jurídica dirigida a impugnar la elección, el Partido Acción Nacional se hubiera convertido en el protagonista de la primera alternancia en el estado de Coahuila.

A partir de 2017, no parecían existir límites en las aspiraciones de Acción Nacional: primero las alcaldías más importantes; luego la mayoría del Congreso local; después, al menos tres de los siete distritos federales; y, a modo de corolario, la gubernatura en el 2024. Incluso, se decía que sólo una tontería desbancaría al PAN como la segunda fuerza política en el estado.

Pues lamento decir que en las recientes elecciones esa tontería se presentó. El pasado 18 de octubre, el PAN de Coahuila sufrió la mayor derrota de su historia reciente. Los resultados oficiales arrojaron que obtuvo 86, 612 sufragios, lo que representó un 9.89% de la votación.

El hundimiento de la otrora segunda fuerza política local consistió en la pérdida de más de 279 mil votos, y la caída de 20 puntos porcentuales con respecto a la misma elección de 2017; proceso en el que el PAN “ya merito” conquistaba la gubernatura.

Vamos, ni siquiera estuvo cerca de refrendar alguno de los distritos que ganó en 2017. Incluso, en Torreón, territorio que hasta el 2018 se había erigido como su ciudadela, quedó en el tercer lugar en tres de los cuatro distritos. E insisto, aun con sus múltiples problemas y en ausencia de candidatos idóneos y populares, Morena dobló a Acción Nacional en la cantidad de votos obtenidos en el estado.

En poco menos de tres años, el Partido Acción Nacional no sólo se alejó considerablemente de su pretensión para mudarse al Palacio Rosa en 2024, sino que, sin realizar mucho esfuerzo y con candidatos apenas conocidos, Morena lo desbancó de su histórica posición como segunda fuerza política en el ámbito local.

Lo más curioso es que sus dirigentes y liderazgos no se les nota preocupados. Ciertamente, los tres diputados plurinominales que les asignaron parecen suficientes. Alguien podría decir que incluso son demasiados para el esfuerzo realizado y los resultados alcanzados.

Al igual que en otras ocasiones, tras el desplome, atribuyen a las circunstancias la culpa de su derrota. Siendo que el partido debió prever su desmoronamiento desde la selección de quienes fueran sus candidatos y a partir de la definición de una pobre estrategia de movilización electoral. (El PRI y Morena demostraron que la pandemia no fue factor que impidiera la movilización de sus respectivas estructuras).

Lo cierto es que el PAN de Coahuila se hundió en el socavón que ellos mismos cavaron. De no recapacitar, prácticamente estaría eliminado para retener la alcaldía de Torreón el próximo año o para aspirar a la gubernatura en 2024. Ni siquiera un buen goleador como Marcelo Torres Cofiño lograría regresarlos a la zona de calificación.

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