Chile votó por enterrar la Constitución de Pinochet

26 octubre 2020
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Entusiasmo, abrazos y alegría desbordada en las calles de las ciudades chilenas. El Proceso Constituyente sigue su curso tras una jornada histórica, en la que el 78% de la población aprobó reemplazar la Constitución vigente desde 1980, tras la llegada de Augusto Pinochet al poder, el militar responsable del golpe y la muerte del presidente Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973.

5.885.721 personas votaron ‘sí’ a la pregunta “¿Quiere usted una nueva Constitución?” frente a 1.600.000 que votaron que no, el 21,73% de la población. La participación superó la mitad del censo, a pesar de las medidas de seguridad por la pandemia. Se trata de la votación más mayoritaria desde que el voto dejó de ser obligatorio en el país, en el año 2012.

En la segunda votación de la jornada, los resultados fueron igualmente concluyentes. El órgano que se encargará de redactar la Constitución estará formado exclusivamente por mujeres y hombres elegidos en plebiscito popular, y no por una comisión mixta formada por personas electas y parlamentarios en ejercicio. La creación de esta asamblea constituyente fue sancionada por el 79% de los votos.

En abril de 2021 se llevará a cabo la elección de los 155 integrantes de dicha asamblea constituyente, en la que se establecerá la paridad entre hombres y mujeres. Se tratará de la primera Constitución del mundo redactada por tantos hombres como mujeres. Antes se debe debatir cómo estarán representados los pueblos originarios.

Una vez se elija la asamblea, en mayo se registrará la Convención que redactará la nueva carta magna del país. Tendrán un año para hacerlo, y la Constitución se deberá ratificar en un nuevo plebiscito que tendrá lugar no antes de mayo de 2022.

La oposición de izquierdas ha optado al completo por el ‘sí’ en el plebiscito, mientras que la derecha estaba dividida ante un referéndum, por lo demás, inevitable después de la movilización popular sin precedentes en este siglo que tuvo lugar entre octubre de 2019 y febrero de 2020, y que solo detuvo la pandemia del covid-19.

El actual presidente, Sebastián Piñera, no ha hecho público su voto en ningún momento del proceso aunque ayer anunció los resultados y se felicitó por el clima en el que había transcurrido el plebiscito. El estallido social ha dejado muy tocado a Piñera, que decretó hace un año un Estado de Emergencia para tratar de sofocar las protestas  y se vio obligado a rectificar la medida de subida del precio del transporte que fue la chispa de la protesta. Las dudas de Piñera muestran su incapacidad, en general la del establishment chileno al completo, para contener una fuerza de cambio que ayer, 25 de octubre, dio un paso resuelto para la transformación de la base socioeconómica del país.

“Ningún partido ni ninguna figura política ha conseguido encabezar el proceso, ni capitalizar el descontento que reina entre la población. Hasta el momento, los partidos han ido a rebufo de lo que ocurría en las calles”, sostiene Jaime Bordel

LA HUELLA DE PINOCHET

Con la votación de ayer domingo, 25 de octubre, Chile da un paso más para desandar el camino por el que el militar golpista Augusto Pinochet encaminó al país. La Constitución, que fue reformada en los 30 años de su vigencia, consolidó un modelo neoliberal único, por su dureza, en la esfera latinoamericana. Un modelo que fue rechazado en el principio del fin de la Constitución, una protesta por el precio del transporte que desencadenó largos meses de protesta en 2019. Aquel estallido social, que fue reprimido con dureza por el Gobierno del conservador Sebastián Piñera, se impuso finalmente para lograr cambios sustanciales en la historia del país.

Como relata Jaime Bordel para El Salto: “En el país presidido por Sebastián Piñera, ningún partido ni ninguna figura política ha conseguido encabezar el proceso, ni capitalizar el descontento que reina entre la población. Hasta el momento, los partidos han ido a rebufo de lo que ocurría en las calles, y aunque fueron ellos quienes aprobaron en el Congreso el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, documento que establece los plazos y el cómo se va a desarrollar el proceso constituyente, esto jamás habría ocurrido sin el empuje de los manifestantes”.

La revuelta chilena, que estalló por el aumento del precio del billete de metro, puso en jaque la aplicación ortodoxa del plan de Milton Friedman y sus “chicos de Chicago”, los llamados “Chicago Boys” que dirigieron económicamente los designios de la dictadura

La revuelta chilena, que estalló por el aumento del precio del billete de metro, puso en jaque la aplicación ortodoxa del plan de Milton Friedman y sus “chicos de Chicago”, los llamados “Chicago Boys” que dirigieron económicamente los designios de la dictadura y cuya impronta se mantuvo en la democracia de la “Concertación”, un proyecto de transición a la democracia con luces y sombras pero que no modificó el rumbo de ortodoxia neoliberal seguido por el país. El Estado llevó a cabo entonces un abandono completo de sus competencias en Educación y Sanidad, dejando la mayor parte del proyecto económico del país en manos de los mercados financieros.

A través de un programa conocido como El Ladrillo, economistas de la Universidad Católica, adaptaron el libreto de la Escuela de Chicago a un país que se despertó con la noción de que el Gobierno se debía encargar, únicamente, de la gestión del control social. “Un mercado lo menos regulado posible, ventajas fiscales que permitieran a las empresas extranjeras traer de vuelta al país de origen los mayores beneficios posibles, y la posibilidad de explotar recursos naturales como el cobre en el caso chileno. Un escenario idóneo para los intereses norteamericanos, que se habían visto amenazados con la llegada de Allende a la Presidencia”, escribió Bordel para El Salto.

La victoria, el 25 de octubre de 2020, del plebiscito para un nuevo proceso Constituyente es un clavo más en el ataúd del pinochetismo, aun presente en Chile en las estructuras orgánicas del Estado. La celebración por parte de más de un millón de personas en la Plaza Italia de Santiago reflejó la inmensa alegría de un país que comienza a andar su propio camino después de décadas de una intervención militar que cortó de raíz muchos de los avances sociales que, a partir de una nueva Constitución, se intentarán recuperar.

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