AVISO DE CURVA Rubén Olvera Marines

23 octubre 2020
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El PRI de Coahuila, un triunfo casi perfecto

El gobernador y el PRI de Coahuila se presentaron a un importante examen el pasado domingo.  Las elecciones que renovaron el Congreso local sirvieron de termómetro para medir la aprobación de Miguel Riquelme Solís. Al mismo tiempo, fue la oportunidad en la que el partido diera cuenta de la verdadera fuerza de su estructura electoral.

El veredicto que emitió Coahuila en las urnas fue favorable para el mandatario y su partido. Sin embargo, a pesar de triunfar contundentemente en los 16 distritos de mayoría, no puede afirmarse que obtuvieron una calificación de excelencia; aunque, sí podrían calificarse con un 9.  Veamos la razón por la cual el PRI de Coahuila no alcanzó la perfección.

Para que la estructura del PRI muestre su fuerza, la votación que recibe el partido, producto de esta práctica política, debe ser la misma independientemente del porcentaje de participación electoral y de las circunstancias climáticas o de salud que prevalezcan en cada elección. No obstante, si el perfil de los candidatos que se presentan en las elecciones es el idóneo y si, al mismo tiempo, el trabajo del gobierno se considera bueno o destacado a opinión de la población, es de esperarse que el PRI obtenga una mayor cantidad de votos, adicionales a los que le otorga su estructura. Además, se deberá indexar el crecimiento porcentual del padrón electoral que se presenta de una elección a otra.

El desenlace, comparando los resultados oficiales del pasado 18 de octubre con los votos obtenidos por los candidatos a diputados locales del PRI en las elecciones de 2017, ha dejado en entredicho la capacidad del partido para transformar en sufragios la alta aprobación de la que goza actualmente el gobernador Miguel Riquelme Solís.

Porque, en efecto, los votos obtenidos por el PRI en la pasada elección resultaron prácticamente los mismos que los conseguidos en 2017. El crecimiento fue de apenas un 1.2%, es decir, de 431, 507 sufragios alcanzados hace tres años, en este 2020 subió a 436, 825. Si consideramos que el padrón electoral de la entidad creció en un 2.3% de una elección a otra, entonces concluimos que el desarrollo de la estructura del PRI de Coahuila se acercó al 0%.

Además, en aquella elección de 2017 se decía que la mayoría de los candidatos del PRI adolecían de un perfil idóneo para competir frente a una oposición que venía creciendo en las preferencias. Asimismo, el entonces candidato Miguel Riquelme Solís no gozaba de la aprobación y popularidad con las sí cuenta hoy en día.

Entonces, ¿por qué si el Gobernador de Coahuila es uno de los mejor evaluados a nivel nacional, los perfiles de los candidatos a diputados locales del PRI en este año superan a los de 2017 y el padrón electoral creció en un 2.3% de una elección a otra,  el número de votantes que movilizó la estructura del PRI permaneció prácticamente inerte?

La respuesta, cualesquiera que ésta sea, le resta un punto a la calificación del desempeño de la estructura priista durante las elecciones.

Veamos un caso paradigmático que ejemplifica lo anterior.  Álvaro Moreira, del que se dice es un candidato ampliamente popular, además que es quien opera la poderosa y aceitada estructura del PRI en la capital de Coahuila, compitió en 2020 por el distrito 16. Por supuesto que obtuvo un triunfo contundente con 32, 634 votos. Sin embargo, apenas logró movilizar 76 sufragios más que el aspirante de su partido que ganó el mismo distrito en 2017, en una elección que le fuera totalmente adversa al PRI.

De hecho, junto a la inercia de la estructura, esta elección también arrojó un resultado interesante para el PRI de Coahuila. Y es que, a diferencia de 2017, cuando el PRI perdió todos los distritos con cabecera en Torreón, cosechando 94, 492 votos, en este año ganó los cuatro diputados de aquella ciudad, movilizando 111, 181 sufragios. Es decir, la estructura priista de este municipio creció en un milagroso 17.66%.

Sin duda que, Samuel Rodríguez Martínez, presidente del PRI torreonense, al lado del candidato ganador del distrito 9, Eduardo Olmos Castro, fueron quienes mejores cuentas le entregaron al gobernador Miguel Riquelme. (Es preciso mencionar que, en Saltillo, a pesar de triunfar en todos los distritos, la estructura del PRI menguó, ya que, de 116, 443 votos obtenidos en 2017, este año apenas consiguió 113, 272).

¿Si la estructura del PRI de Coahuila se mantiene estacionada en un promedio de 430 mil votos, por qué, a diferencia de 2017, en este año al partido se llevó el “carro completo”? La respuesta, junto al estancamiento de la estructura y la pérdida de votos en Saltillo, confirma que para el PRI la elección del pasado 18 de octubre no fue perfecta. En esta ocasión, el PRI de Coahuila sumó como aliado a un viejo amigo, un leal compañero que en otras elecciones le ha otorgado el triunfo: el abstencionismo, el cual superó el 60%.

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