Plandemic: el controvertido documental sobre la ‘conspiración’ del coronavirus

25 mayo 2020
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En documental de 26 minutos se ha hecho viral en plena pandemia del coronavirus. Se trata de ‘Plandemic’ que muestra división de opiniones en la sociedad basado en el testimonio de una supuesta viróloga, Judy Mikovits, que hace una serie de afirmaciones acerca del origen de la COVID-19, el uso de mascarillas o la verdadera finalidad de las vacunas.

En el vídeo se cuenta cómo el gobierno estadounidense, científicos y la industria farmacéutica usan el virus y la idea de su futura vacuna para obtener beneficios económicos y poder. Según explica Mikovits en el documental, la crisis sanitaria habría sido ideada para crear un estado de pánico y manejar a la sociedad.

El productor de cine y creador de ‘Plandemic’ es Mikki Willis quién publicó el vídeo el 4 de mayo en sus redes sociales y según el New York Times una semana después de su lanzamiento ya tenía ocho millones de reproducciones y ha generado todo tipo de comentarios y teorías conspiratorias.

¿Quién es Judy Mikovits?

Judy Mikovits es una ex investigadora americana, activista anti-vacunas y promotora de ciertas teorías de la conspiración. Comenzó su carrera como técnico de laboratorio en el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) en 1988. Doctorada en bioquímica y biología molecular de la Universidad George Washington en 1991. En 2009 fue directora de investigación en el Instituto Whittemore Peterson (WPI), un centro de investigación privado en Reno, Nevada.

Ese mismo año fue coautora de un artículo en la revista Science que fue retirado porque las pruebas estaban contaminadas. La ex investigadora también fue arrestada. El WPI presentó una demanda contra la supuesta viróloga por tener cuadernos de laboratorio e información confidencial en su ordenador personal.

El estudio sugería que un agente desconocido, el XMRV (xenotropic murine leukemia virus-related virus), era el origen del Síndrome de la Fatiga Crónica (CFS, por sus siglas en inglés). A raíz de tal investigación y según recoge Snopes, Mikovits realizó una serie de afirmaciones relacionadas con que el XMRV también era la causa de muchas otras enfermedades, como el autismo o el cáncer y que su origen en humanos podrían ser las células de ratón que se utilizaban en el proceso de producción de algunas vacunas. Sin embargo, se ha demostrado que esto es falso.

Además, la retirada del artículo publicado en Science no fue arbitraria, como afirma Mikovits en Plandemic, sino que estaba justificada: varios equipos de científicos trataron de replicar los resultados obtenidos por la investigación, pero esto no fue posible. Más tarde se comprobó que la causa fue la contaminación de las muestras durante el estudio original.

El departamento de comunicación de la propia revista Science publicó una reconstrucción detallada sobre el caso en septiembre del 2011 que, además, fue premiada por la Sociedad Estadounidense de Microbiología. Puedes acceder a él aquí.

Por otro lado, la ex investigadora dice que fue arrestada sin evidencias. Cuando se le plantea la pregunta sobre el motivo por el que fue acusada, ella contesta: “Por nada. Estuve en la cárcel sin cargos”. Sin embargo, esto no fue así.

Como ya adelantábamos, en 2009 Mikovits era directora de investigación del WPI. Según recoge este artículo que el periodista Jon Cohen ha publicado en mayo de 2020 en la propia revista Science, en 2011 el WPI presentó una demanda contra la supuesta viróloga por tener cuadernos de laboratorio e información confidencial en su ordenador personal. “Fue arrestada en California por delitos graves de fuga de la justicia y encarcelada durante varios días. Los fiscales del condado de Washoe, en Nevada, finalmente retiraron los cargos penales contra ella en junio de 2012”, explica Cohen en Science.

“Por lo tanto, las afirmaciones especulativas de Mikovits que vinculan su investigación con la ciencia de las vacunas, provocando la ira de la industria farmacéutica y su posterior arresto no tienen su origen en la ciencia o en la realidad”, concluye el artículo de Snopes.

Una de las declaraciones que hace Mikovits durante su entrevista es que el nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2, no es el resultado de un proceso natural, ya que esto “tardaría hasta 800 años en ocurrir”, sino que, en realidad, el virus se creó en un laboratorio. “Estoy segura de que ocurrió en los laboratorios de Carolina del Norte (USAMRIID)”, afirma Mikovits.

No hay ninguna evidencia de que esto sea así. De hecho, para desmentir esta clase de rumores (así como aquellos que añadían que el objetivo del coronavirus era su posible uso como arma biológica) y defender el trabajo de los profesionales sanitarios de todo el mundo desde el origen de la crisis sanitaria, un grupo de científicos especializados en salud pública redactó este comunicado para la revista The Lancet, donde fue publicado el pasado 19 de abrilEn él hacen referencia a diferentes investigaciones que demuestran el origen natural de este brote de coronavirus. Según indica el texto, «los resultados concluyen, de forma abrumadora, que el origen [del SARS-CoV-2] está en la vida silvestre».

«Cada vez que sucede un caso similar, hay una serie de iluminados que dice que el virus ha sido creado en un laboratorio o que se ha escapado de él», explicaba a Maldita Ciencia Albert Bosch Navarro, presidente de la Sociedad Española de Virología (SEV). Con respecto a la aparición de estos rumores, Bosch sostiene que «sucedió lo mismo cuando apareció el SARS en 2002 o la conocida como gripe A, la nueva variante del H1N1, en 2009». Puedes leer en profundidad sobre este tema en este artículo.

Otra de las afirmaciones que Mikovits hace durante la entrevista en Plandemic es que las vacunas contra la gripe aumentan en un 36% la posibilidad de contagio por coronavirus. Como fuente de estos datos, cita un estudio científico del ejército norteamericano en el que la “interferencia viral” de la vacuna de la gripe aumentó las probabilidades de contraer una infección coronavirus en un 36%. En Maldita Ciencia ya  hemos hablado de este estudio, publicado en octubre de 2019.

Para llevarlo a cabo se dividió en varios grupos a 6.120 trabajadores del Departamento de Defensa de Estados Unidos en función de si estaban vacunados contra la gripe en la temporada 2017-2018 y si dieron o no positivo en virus respiratorios, además de en otras categorías. El objetivo de esta investigación era «examinar la relación entre los virus respiratorios específicos y la vacunación contra la gripe» y así conocer si la vacunación contra la gripe podría influir en el riesgo de padecer otras enfermedades respiratorias (algo conocido como interferencia de virus).

Según los datos del estudio, hubo un aumento de las probabilidades de tener coronavirus (distintos del SARS-CoV-2 que provoca la COVID-19) y metapneumovirus humanos en los individuos que recibieron la vacuna contra la gripe. Para otros tipos de virus respiratorios no se encontró relación o el efecto era protector entre los vacunados contra la gripe.

Sin embargo, el autor del artículo concluye que «los resultados generales mostraron poca o ninguna evidencia que apoyara la asociación de la interferencia de virus y la vacunación contra la gripe”. De hecho, entre otras limitaciones, el propio estudio reconoce que no se puede establecer una relación causa-efecto entre la vacunación contra la gripe y el mayor riesgo de dar positivo en otros virus respiratorios.

Por otro lado, a pesar de que es cierto que, en general, se detecta una correlación entre el número de vacunados mayores de 65 años y los muertos por la COVID-19, “la correlación no implica causalidad”,

Como explicaba Luis Ignacio Martínez Alcorta, de la Asociación Española de Vacunología, en Maldita Ciencia, a día de hoy conocemos diversas variables o condiciones de salud que llamamos factores de riesgo (la edad, la obesidad, las enfermedades crónicas o los hábitos tóxicos…). Estos “condicionan un peor pronóstico a las infecciones producidas por diversos agentes biológicos, entre ellos, el SARS-CoV-2”.

Jorge Carrillo, vocal de la Sociedad Española de Inmunología e investigador en irsiCAIXA, ponía a Maldita Ciencia este ejemplo: “Si un país tiene una buena política de vacunación y muchas personas mayores de 65 años, como podría ser Reino Unido, tendrá muchas personas de más de 65 años vacunadas. Esto es normal porque a este grupo de edad se le recomienda la vacunación anualmente, debido a que son particularmente susceptibles a infecciones víricas, que muchas veces se les pueden complicar, como es la gripe. Se sabe que la COVID-19 es más severo en mayores de 65, especialmente con comorbilidades, que es lo normal a estas edades. Si te fijas solo en el número de personas vacunadas con más de 65 y muertes por COVID-19, te sale una correlación, aunque no tenga ninguna relación causal”.

Además de Mikovits, en la segunda mitad de Plandemic aparecen Dan William Erickson y Artin Massihi, médicos del centro médico privado Accelerated Urgent Care en la ciudad de Bakersfield, en California (Estados Unidos)

La pareja de sanitarios niega la necesidad establecer un confinamiento general y, de hecho, critican la cuarentena como medida para minimizar la repercusión de la pandemia por SARS-CoV-2. ¿Por qué? En teoría esto podría repercutir en nuestro sistema inmune, debilitándolo y consiguiendo que, al volver a la normalidad, seamos más vulnerables a las enfermedades. Sin embargo, como ya explicábamos en el artículo enlazado en el párrafo anterior, para hacer estas afirmaciones, William y Massihi se basan en datos sesgados y opiniones sin contrastar que han sido desacreditadas, entre otros, por parte del Colegio Americano de Médicos de Urgencias y la Academia Americana de Medicina de Urgencia.

«Durante el confinamiento, por mucho que se limpie, nos seguimos exponiendo a patógenos de forma constante, cuando nos cruzamos con gente al salir de casa a hacer las compras básicas, en las cosas que comemos y tocamos, desde alimentos, bolsas del exterior, etc.”, explicaba a Maldita Ciencia José Javier García Ramírez, maldito y profesor Titular de Bioquímica e Inmunología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Castilla-La Mancha en Albacete. Además, añadía que en el desarrollo del sistema inmune de una persona, dos meses o tres de falta de exposición a patógenos no suponen ninguna diferencia.

Por otro lado Mario Delgado, jefe del grupo de Neuroinmunología de Enfermedades Inflamatorias y autoinmunes del Instituto de Parasitologia y Biomedicina «Lopez-Neyra» del CSIC, en Granada, explicaba a Maldita Ciencia que, en el caso de que el confinamiento pudiese provocar una bajada en el estado de activación de nuestro sistema inmune, la razón sería nuestro estado anímico ante esta situación (estrés, depresión, ansiedad…), que podría repercutir en una inmunosupresión generalizada. «Pero lo que dice que estamos expuestos a menos patógenos y esto hace que bajen nuestras defensas, no es cierto”, concluía.

Otra de las afirmaciones que se hacen en el vídeo está relacionada con el uso de mascarillas. Los médicos no solo afirmar que esta no es necesaria sino que, de hecho, no utilizarla hace que nuestro sistema inmune sea más fuerte. “Si no eres inmunodeficiente o anciano, deberías poder salir sin guantes ni máscara», dicen.

Sin embargo, como ya explicamos  la mascarilla, sea del tipo que sea, funcionará, al menos, como barrera física que dificulte el contacto tanto con el SARS-CoV-2 como con cualquier otro patógeno que sea susceptible de entrar en nuestro organismo a través de las vías respiratorias, la nariz y la boca. ¿Cómo? Dificultando el contacto con las gotículas que se expulsan al toser, estornudar o hablar y que, en caso de una persona infectada, podrían portar al nuevo coronavirus. Si estas llegan a nosotros, en función de su carga vírica, podrían contagiarnos.

Sin embargo, la barrera que establece la mascarilla dificultará este proceso. Además, en función del tipo que utilicemos (higiénica, quirúrgica o de protección personal FFP1 o FFP2) el filtrado del aire al respirar y expulsar el aire será mayor o menor.

En Plandemic se incluyen los testimonios de varios médicos afines a las ideas propuestas por el documental. Uno de ellos incita a reflexionar sobre lo que pasó con la hidroxicloroquina y a firma que el epidemiólogo y coordinador de la respuesta médica frente a la pandemia de coronavirus en Estados Unidos, Anthony Fauci, (al que Mikovits culpa durante todo el documental de su censura y de poner en peligro a la población con sus decisiones sanitarias, en busca “de riqueza y poder”) recurrió al argumento de que “no había estudio de doble ciego controlado con placebo, impidiendo la recuperación de miles de pacientes infectados”.

A pesar de las expectativas sobre los tratamientos con hidroxicloroquina, la Agencia de Alimentación y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) tuvo que responder que estas medicinas aún no están aprobadas como tratamiento contra el COVID-19 y que debían pasar una serie de trámites y pruebas para que eso ocurra.

Por su parte, un artículo publicado en la revista Science indica que esta guía de la Sociedad de Medicina de Cuidados Intensivos de EEUU señala que «no hay pruebas suficientes para emitir una recomendación sobre el uso de cloroquina o hidroxicloroquina en adultos críticos con COVID-19». La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) establece que, hasta la fecha “ningún ensayo clínico controlado y aleatorizado ha demostrado la eficacia de estos medicamentos para el tratamiento de pacientes con COVID-19” y que “se están llevando a cabo diferentes estudios para evaluar su eficacia y seguridad frente al SARS-CoV-21”.

 

 

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