Cristina Kirchner: volver, volver, volver

9 agosto 2019
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La palabra fetiche es «volver». Como en la canción. «VolvéCristina», grita la multitud. «Quiero que la gente vuelva a ser feliz», dice ella desde el escenario. Y la esperanza del regreso, de la recuperación, del retorno de la jefa y de los valores peronistas alivia el frío húmedo que llega del río Paraná. El último gran acto de la oposición antes de las primarias, en Rosario, sirve para comprobar dos cosas: que el kirchnerismo se ha reconciliado con varios de sus viejos enemigos y que ella, Cristina Fernández de Kirchner, aspirante a vicepresidenta, sigue concitando mucho más entusiasmo que Alberto Fernández, candidato a presidente.

Alberto Fernández tuvo que agradecer a Cristina su «confianza» por haberle elegido (generalmente es el segundo de la candidatura quien da las gracias al primero) y en ningún momento arrancó tantos aplausos como cuando prometió que «nunca más» volvería a pelearse con la jefa. El peronismo es sentimental y está hecho de devociones. Cristina, odiada por la mitad del país, es casi objeto de culto por la otra mitad. A esa segunda mitad han vuelto organizaciones como la Corriente Clasista y Combativa, fundada por el Partido Comunista Revolucionario en 1994 y muy áspera con la ex presidenta durante su último mandato, o la CGT-RA dirigida por el polémico caudillo sindical Hugo Moyano.

Miles y miles de personas confluyen con mucha antelación hacia el Monumento Nacional a la Bandera, en Rosario, donde el general Belgrano alzó por primera vez la divisa albiceleste el 27 de febrero de 1812. Todos se apretujan en torno al escenario, junto al Paraná, y hace calor. La espera es larga. Se cantan canciones de estadio (no hay amor más puro y gratuito que el profesado a un club de fútbol) en las que se sustituye el nombre del equipo por el nombre de Cristina. Por una vez, los «canallas» de Central y los «leprosos» de Newell´s, las irreconciliables aficiones rosarinas, conviven en paz. Cuando aparece un grupo denominado K-Naya, kirchneristas de Central, un grupo discute sobre si son más peronistas los «canallas» o los «leprosos», pero el debate es casi amistoso.

Quienes acuden al cierre de campaña de los Fernández saben que la jornada es importante. En las primarias del domingo no se elegirá a nadie, porque no hay competencia interna en ninguno de los bloques, pero constituyen un gran ensayo general para la votación de octubre. Y cada candidatura expone sus armas. La del presidente Mauricio Macri se envuelve en el rechazo al pasado y enarbola la bandera del futuro (porque el presente creado en estos cuatro años de mandato no da para tirar cohetes); la de Alberto y Cristina Fernández propone recuperar un pasado corregido y mejorado. «Que la gente vuelva a ser feliz, a tener trabajo, que los pibes vayan al colegio a estudiar y no a comer, que los jubilados se vayan de la farmacia con la receta completa», propone la ex presidenta. «El primer semestre que gobernemos vamos a cambiar la Argentina», promete el candidato a presidente.

Mitin de cierre de campaña del kirchnerismo en el  Monumento a la Bandera, en Rosario.
Mitin de cierre de campaña del kirchnerismo en el Monumento a la Bandera, en Rosario.REUTERS

Antes del cierre de campaña, Alberto Fernández ha firmado un compromiso con los gobernadores peronistas (los que están y los que esperan serlo, como Axel Kiciloff en Buenos Aires) para desarrollar un nuevo federalismo. En realidad, se trata de exhibir las fuerzas provinciales de que disfruta el movimiento. Los Fernández saben que no ganarán en tres grandes ciudades, Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, pero se sienten poderosos en el resto del país.

Ya ha oscurecido y hace frío cuando suben al escenario los numerosos protagonistas políticos. Los que siempre fueron amigos y los que dejaron de serlo durante un tiempo pero han vuelto al redil. Alberto Fernández fue jefe de Gabinete de Cristina y luego rompió con ella; ahora encabeza la candidatura. Sergio Massa fue jefe de Gabinete de Cristina y luego rompió con ella; ahora podría ser de nuevo, si gana el peronismo, jefe de Gabinete, o primer ministro. La ceremonia de la reconciliación, arriba y abajo del escenario, con besos y abrazos, arranca incluso algunas lágrimas.

«Fuimos capaces de entender que era necesaria la unidad de todos aquellos sectores, de todos aquellos hombres y mujeres que creemos que una Argentina diferente es posible», proclama la jefa. Ella, cuyo rostro figura junto al de Evita Perón en las camisetas que se venden en un mercadillo improvisado, cuyo rango sentimental supera al de cualquier dirigente de su campo, se apartó un poco y se situó tras Alberto Fernández para favorecer esa unidad. En el acto final del ensayo general actúa como telonera, habla en primer lugar y, cosa insólita, su discurso es breve. Pero nadie ignora, ni en su Frente de Todos ni en el Juntos por el Cambio de Mauricio Macri, que si gana el peronismo, quien vuelve es ella. A unos les ilusiona. A otros les provoca pánico.

UN RECUENTO PROVISORIO CON VEEDORES JUDICIALES

F.R.M.

Las dudas sobre la transparencia del escrutinio provisorio, el que anticipa los resultados el mismo día de las elecciones, han enturbiado el último tramo de la campaña en Argentina. El Frente de Todos, que lleva en su boleta a Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, pidió la anulación del conteo con el argumento de que no confiaba en la idoneidad de la empresa contratada por el macrismo para ese trabajo, la estadounidense Smartmatic.

Desde 1997, el conteo provisorio, previo al definitivo que realiza la justicia electoral, era responsabilidad de la española Irsa, pero la compañía perdió ese derecho tras quedar tercera en una licitación realizada el año pasado.

La llegada de una nueva empresa supuso cambios en el procedimiento. Hasta esta elección, el traslado de los telegramas con los resultados de cada mesa fue físico. Smartmatic ofreció como novedad el escaneo de esos mismos telegramas y su envío por vía digital a los centros de cómputos. El Gobierno dijo que el nuevo procedimiento reducirá los tiempos de transmisión y el costo del movimiento de cientos de camiones.

El kirchnerismo no estuvo de acuerdo y denunció que el escaneo no garantiza que una mano negra se interponga durante el viaje digital y altere los resultados para sembrar dudas entre los votantes. La jueza electoral, María Servini de Cubría, rechazó el reclamo opositor, pero resolvió que todos los pasos del proceso sean monitoreados por veedores judiciales, bajo su control. La intención, dijo la magistrada, fue dar “más certidumbre” al resultado provisorio. La palabra final, con todo, la tendrá la justicia, que durante los días que siguen a la votación contará una por una las papeletas que recibirá con los datos de cada mesa. Sobre la confiabilidad de esos resultados definitivos no ha habido objeciones.

Información de: El País

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