La doble campeona olímpica de ciclismo en pista Kristina Vogel queda parapléjica

8 septiembre 2018
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 Poco después de caerse, Kristina Vogel, tendida sobre la madera dura del velódromo de Cottbus, vio cómo una persona le quitaba las zapatillas y era como si se las quitara a otra persona, no notó nada. “Ya entonces fui consciente de que me quedaría parapléjica, de que ya no volvería a andar nunca”. Dos meses y medio han pasado desde el 26 de junio, el día que Vogel, de 27 años, doble campeona olímpica de velocidad (Londres 2012 y Rio 2016), sufriera un grave accidente al chocar contra un joven pistard de la selección holandesa que practicaba la salida de parado. Vogel se entrenaba girando por la pista a más de 60 kilómetros por hora sobre una bici de piñón fijo. El joven resultó ileso. Por primera vez desde entonces, la ciclista ha concedido una entrevista, a la revista Spiegel, en la que públicamente anuncia que, en efecto, como temía desde el primer segundo, debería pasar el resto de su vida en una silla de ruedas. “Es una mierda”, dice. “No hay otra forma de expresarlo. Lo mires como lo mires, es así. No puedo volver andar. Y cuanto antes lo acepte, antes lo podré asumir”.

Vogel, nacida en Kirguizistán en 1991, es una fuerza de la naturaleza imbatible en las pruebas de velocidad, el sprint puro en el que se alcanzan durante pocos segundos velocidades superiores a los 70 kilómetros por hora. Son las más arriesgadas y las que más fuerza y músculo exigen en un velódromo. Aparte de los dos títulos olímpicos ha sido 11 veces campeona del mundo. Su meta era ganar su tercer oro olímpico en Tokio 2020 y retirarse después. “No quise salir en los medios antes porque no quería que se me viera herida”, dice en Spiegel. Pero ahora puedo decir que he alcanzado un punto en el que ya puedo decir. ‘Aquí estoy y estoy bien. Soy la misma loca de antes. Quiero ser una fuente de motivación para los demás”.

En mayo de 2009, cuando tenía 17 años, Vogel fue atropellada por un coche mientras se entrenaba en bicicleta por la carretera. Estuvo en coma durante 48 horas. Tres meses después, estaba de Nuevo sobre la bicicleta.

El mundo del ciclismo recuerda siempre con tristeza la grave caída de Roger Rivière mientras descendía el monte Aigoual por el col del Perjuret durante el Tour de 1960, para el que era el favorito. Era el recordman de la hora en velódromo. Quedó parapléjico tras la caída. Murió en 1976, a los 40 años, adicto a los analgésicos y a la morfina que le permitían superar el dolor.

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Información de: El País

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