Beatriz y Eugenia de York, dos princesas fuera de registro

13 agosto 2018
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En pleno fervor por la boda del príncipe Enrique y Meghan Markle, pocos hicieron caso a otro enlace real que se anunció en el mismísimo palacio de Buckingham. El 22 de enero la princesa Eugenia daba a conocer que se casaría en otoño con su novio, el empresario Jack Brooksbank. Una boda entonces de bajo peso que, poco a poco, empieza a coger forma: cada vez se sabe más de la misma, y ahora se ha anunciado que será la princesa Beatriz, hermana mayor de la novia, la dama de honor del enlace. Una ceremonia que, a su vez, dice mucho de la personalidad de la novia, de su familia y de las nuevas disposiciones de la reina Isabel II.

Con una salud ya no tan de hierro a sus 92 años, la monarca británica está viendo cómo su familia y las funciones de cada uno de sus miembros tienen que ir acomodándose a los tiempos que, inevitablemente, vendrán. Carlos, Ana, Andrés y Eduardo, los cuatro hijos de Isabel y Felipe de Edimburgo, ya no son el centro de la casa Windsor. Lo serán Carlos, el mayor, príncipe de Gales y heredero al trono, y los suyos: Guillermo y Kate, Enrique y Meghan, los hijos (y futuros hijos) de todos ellos. El centro del poder pivota, se desplaza por el árbol genealógico, y el resto de hijos y nietos de Isabel se irán perdiendo, relegados a papeles secundarios o inexistentes.

El caso de Eugenia y de su hermana, mayor, la vividora princesa Beatriz, entra en ese grupo: ahora mismo son hijas de Andrés, duque de York y tercer hijo de la reina, y por tanto nietas de la monarca. Su papel sigue activo en un mundo ávido de cuentos de reyes y princesas. Son parte de la corona, pero el día que bajen un escalafón y sean simplemente sobrinas del rey (o primas, cuando reine Guillermo), su actividad y visibilidad será menor. Precisamente por eso juegan en un rol que puede ser más público y cercano. Pero lo público y cercano no es, ni de lejos, la marca de los Windsor.

Eugenia de York es la única en palacio que tiene un perfil personal, oficial y público en Instagram. En la red social más popular del momento, donde prima la imagen, la familia real británica y el palacio de Kensington (residencia oficial de los Cambridge y los Sussex) tienen sus propias cuentas, pero no son personales. Que el de Eugenia sea público y bajo el título de princesa algo dice del aperturismo de la familia real británica, o de su permisividad con estos miembros que, aunque van siendo relegados a papeles secundarios, siguen teniendo tirón: la joven tiene más de 300.000 seguidores con apenas 30 fotografías.

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También su hermana Beatriz tiene uno, @BeaYork, aunque este es privado y cuenta con apenas 650 seguidores. Entre otros son amigos suyos en esta red la modelo y actriz Cara Delenvingne, la hija de Isabel Preysler, Tamara Falcó, o la top model Karlie Kloss, que fue precisamente la que reveló cuál era la cuenta de la princesa al mostrarla en una captura de pantalla de una videollamada entre ambas.

Beatriz, que cumplió 30 años este 8 de agosto, y Eugenia, de 28, son flores raras dentro de una familia que no es precisamente sencilla. Son altezas reales y princesas (no como sus primos pequeños, los hijos del príncipe Eduardo, que ya han de conformarse con ser vizconde y Lady), ocupan los puestos octavo y noveno en la línea de sucesión al trono británico (las primeras mujeres, tras la princesa Carlota de Cambridge), y en ocasiones representan a la reina y a la familia en algunos actos. Sin embargo, no reciben asignación de las arcas estatales, tienen estudios universitarios y carreras propias (a medio gas) y se permiten tener redes sociales, dar entrevistas y posar para revistas de moda.

Eugenia trabaja en una casa de subastas de arte contemporáneo en Londres; a Beatriz, que probó en las finanzas y en la producción en Sony, no se le conoce profesión definitiva, aunque ahora trabaja como vicepresidenta de innovación para una empresa que crea programas informáticos para call centers, y se dedica, cómo no, a causas solidarias (entre otras a ayudar a niños con dislexia, que ella también padece).

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Sarah Ferguson

@SarahTheDuchess

Happy birthday my Trixie – Belle so proud of you xx @yorkiebea

El perfil de Eugenia, la pequeña y tradicional, que ahora se casa con el embajador del tequila Casamigos en Reino Unido (segunda boda real en un año para George Clooney), resulta más discreto. El de Beatriz, la mayor, es más parecido al de su padre: viajero, bon vivant, con amistades entre famosos. Ha sido la primera royalbritánica en correr una maratón, escalar picos en los Alpes, aparecer en una película —como extra en La joven Victoria, 2009— o, desde Diana de Gales en 1996, acudir a la gala de moda del Met en Nueva York. Como solían ironizar los medios británicos hace unos años: “Otra nueva semana, otras vacaciones para Beatriz”.

Estos meses ambas estarán en el disparadero por la boda de Eugenia, que se celebrará también Windsor y ante una multitud: los novios desean que hasta 1.200 personas puedan asistir al enlace en los terrenos del castillo. En el número de septiembre de la edición británica de Vogue, las hijas de Sarah Ferguson aparecen retratadas con carísimos vestidos y hablando, hablando mucho, hablando sobre todo y sobre nada.

Y eso es precisamente lo que la monarquía británica no hace: hablar. Sonríen, estrechan manos, cortan cintas. Pero, como bien sabe la reina Isabel II, su máxima representante y la que más en profundidad conoce su maquinaria, hablar, no hablan. Pero ellas cuentan que se dedican a la caridad, que quieren una boda popular y libre de plásticos, que representan a palacio porque, aunque trabajan, tienen jefes “muy comprensivos”. Ellas hablan sin parar. Porque son populares, y princesas, pero ya tienen un pie fuera.

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