EL PAN DE COAHUILA, TAN CERCA, TAN LEJOS, TAN INCIERTO RUBÉN OLVERA MARINES

19 mayo 2017
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Para el PAN resultaría en una auténtica hecatombe perder las elecciones del 4 de junio en Coahuila. No sólo porque se considera que las condiciones se presentan inigualables e irrepetibles para la alternancia, sino porque, al mismo tiempo, el PAN, exaltado por los números que arrojan algunos sondeos de preferencias, presume, con días de anticipación, conquistar la gubernatura.

Sin embargo, a pesar de la ventaja que el PAN registra en algunas de las encuestas y de las condiciones favorables para un eventual triunfo de la oposición, principalmente relacionadas con el desgaste de las dos últimas administraciones, a pocos días de la elección, la incertidumbre envuelve al equipo que encabeza Guillermo Anaya. No está claro qué va a suceder el 4 de junio.

Para Acción Nacional, que lleva décadas esperando este momento, con un candidato que en seis años no ha dejado de hacer campaña, con un PRI exhausto, en un estado rodeado por entidades federativas que han experimentado la alternancia y caracterizado por un electorado que simpatiza con el cambio, un segundo lugar desmoronaría todo, no es una opción, el “luchamos como nunca, perdimos como siempre” calaría hondo en el equipo cercano al presidenciable Ricardo Anaya, que después de contemplar la caída de Josefina Vázquez Mota en el Estado de México, cultivan sus esperanzas en Coahuila para sostener la imagen ganadora del joven queretano. Aunque algunos dicen que es más fácil ganarle a Peña que a los Moreira.

Como partido de oposición, el PAN se juega mucho en la actual contienda. Pierde por segunda ocasión Guillermo Anaya. Pierde el proyecto transexenal del PAN torreonense. De no ganar el Estado de México, también pierde Ricardo Anaya. Pierde Lenin Pérez. Se disipa, en una jornada, la historia que el panismo ha escrito en Torreón, Saltillo y Monclova, ciudades que ha gobernado.

¿Por qué en un estado con un electorado que se presume hostil para el partido en el gobierno, benévolo para la oposición, desgastado por los escándalos y entusiasmado con la alternancia, la gubernatura se presenta para el PAN a la distancia de un brazo, sin embargo, envuelta por un resistente cristal que la aleja del deseo de cambio?

La respuesta se localiza tanto al interior como en el exterior del partido. En primer lugar, y no obstante que Bernardo González, dirigente del PAN en Coahuila, aseguró que el asunto del divisionismo quedó resuelto al momento de elegir a Guillermo Anaya como su candidato, lo cierto es que, al menos en Saltillo, la ausencia en campaña del alcalde, Isidro López, siendo el mayor activo del PAN en la capital sarapera, refleja que la herida permanece abierta. Ni siquiera su candidata, Esther Quintana, se muestra arropada por el empresario y político saltillense. Sume usted que en el círculo cercano al aspirante por la gubernatura, se escuchan voces señalando la falta de perfiles competitivos del PAN, en las diputaciones y en una que otra alcaldía; al contrario de aportar, aseguran sus cercanos, varios se están colgando de la campaña del lagunero, de los consejos ciudadanos que él formó, de su imagen. Por lo que no es ocioso preguntarse si el PAN le suma o le resta a las aspiraciones de Anaya para gobernar Coahuila.

Cuestión distinta son los factores externos. El epicentro que propaga la incertidumbre respecto a la capacidad del PAN para ganar las elecciones, se encuentra en la competencia. El PRI, aunque diezmado por los últimos acontecimientos, mantiene viva la esperanza, soportando su estrategia en la movilización de la estructura territorial, la burocracia y los beneficiarios de los programas sociales, cosa que el PAN reconoce como una amenaza seria, no sin motivo cada que puede el candidato panista dirige sus flechas hacia las lideresas del PRI y hacia otros miembros de la estructura tricolor.

Pero, en la etapa política que vive el estado, el PAN y Guillermo Anaya fueron cegados por el poderío del PRI, sin percatarse que más a la izquierda, dos, en apariencia, pequeños puntos, crecían rápida y constantemente, alimentándose de un respetable porcentaje del voto que, al igual que los simpatizantes panistas, le apuesta al cambio. Me refiero al independiente Javier Guerrero y al candidato de Morena, Armando Guadiana. Ambos, según los recientes sondeos, crecen consistentemente. Lo que por supuesto activó las alarmas en el búnker panista. Las encuestas revelan que los indecisos se están definiendo, y si Guillermo Anaya no crece, ¿a dónde consideras que se están dirigiendo?

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