Algo que vale la pena contar: «Hay veces que el silencio nos obliga a hablar con nosotros mismos»

6 febrero 2015
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boardmanLa primera tarea que realizo por las mañanas, más por obligación que por gusto, consiste en repasar uno a uno los diferentes diarios y publicaciones noticiosas locales, nacionales e internacionales. Y todos los días cada vez en mayor proporción, duele más evidenciar que el ochenta por ciento de la información que recibimos, suele ser negativa: crisis, violencia, guerra, hambre, enfermedad y sobretodo situaciones en donde la calidad humana, simplemente, deja de serlo. Otro quince por ciento es publicidad comprada, cotilleo y si acaso apenas el cinco por ciento restante, buenas noticias.

¿Será que en realidad no hay nada bueno que decir? ¿Qué realmente la humanidad ha entrado en una especie de involución donde el ochenta por ciento de lo que sucede está mal y otro quince por ciento es intrascendente?

Entonces, ¿Por qué la tendencia? ¿Será que así como hemos entrado en una dinámica de bienes desechables, ésta ha llegado a trasmigrar alcanzando la forma de considerar a nuestros semejantes? Si es así, definitivamente estamos involucionando.

La conciencia es una voz interior que nos advierte que alguien puede estar mirando. Henry-Louis Mencken.     

Según uno de mis maestros favoritos de física cuántica y creador de la teoría de cuerdas, Michio Kaku, una de las características fundamentales que a través de la historia nos ha dado evolución como seres dotados de una inteligencia superior a la de cualquier organismo vivo en el planeta, reside en que los humanos somos los únicos que poseemos un tercer nivel de conciencia.

El primer nivel se refiere a simples percepciones y sentidos básicos de supervivencia. Este nivel también lo poseen los animales y las plantas. El segundo nivel se refiere a las emociones, felicidad, ira, miedo y capacidad de asociación en grupos, aquí ya solamente quedan animales y por supuesto los humanos. Y finalmente el tercer nivel que solamente poseemos nosotros, precisa que partiendo de nuestro modelo de mundo, somos capaces de realizar simulaciones hacia el futuro. Es decir, los seres humanos somos los únicos con la capacidad de planear, tomar en cuenta el factor del tiempo y programar nuestras acciones premeditadamente en el rumbo de nuestra vida. A un perro, a un gato, no le importa el mañana ni se preparan para éste, su mundo vive en un eterno y feliz presente.

“No vemos las cosas tal como son, las vemos como somos nosotros» Anaïs Nin

 

Ahora bien, reflexionemos, ¿acaso en la actualidad, realmente los seres humanos piensan en el mañana y más aún, hacen algo por él? La respuesta es dividida, sólo muy pocos ejercitan este nivel conciencia, la gran mayoría viven tan sólo… al día. No tener claro nuestro papel en un futuro, nos lleva a realizar desde actos temerarios, hasta desestimar el valor de la vida y el respeto por los demás. Por eso entonces derrochamos recursos y encontramos cada vez con mayor frecuencia, sujetos que sin el menor atisbo de sentimientos o escrúpulos atentan contra la vida de otros seres humanos.

Llegamos a un límite. La vida en un constante presente relativo resulta mucho más fácil, pero carece de valor. ¿Para que aprender y esforzarse, si todo se entrega hecho y es desechable? Nada se valora, incluso la vida para muchos representa una carga. Por eso hay cada vez más madres que abandonan a sus hijos en alcantarillas o botes de basura, ya ni siquiera en la puerta de una casa; padres golpeadores, líderes morales violadores, políticos ladrones, falta de previsión ante desastres naturales y tragedias por simple descuido, todo representa la satisfacción de un momento, muy pocos piensan en serio en el futuro de la especie. Vivimos al día para pagar los requisitos mínimos de subsistencia y no nos queda tiempo para más: excusa favorita.

El comodismo intelectual vive su mayor apogeo, que otros piensen por los demás y entenderlos, ¿para qué? que unos cuántos y cada vez menos, hagan las cosas. Y así comprobamos que todo lo que nos va rodeando como civilización, va demostrando ese desdén, esa triste devaluación de la capacidad de asombro. Los “realitys” televisivos que mayor aceptación tienen son los programas de chismes, de competencias que terminan humillando a los participantes, escenarios de representaciones burlescas que denigran la condición humana y sus peores vicios, ¿Un documental de historia, ciencia, arte? Qué aburrido… déjalo fuera, no tiene rating. Lo mismo sucede en la prensa, la radio, (salvo contadas excepciones, como ésta) las conversaciones diarias en el trabajo o la calle, de fin de semana con la familia o los amigos van por el mismo rumbo. No damos importancia a lo realmente trascendente, sólo un cinco por ciento de los seres humanos está aprovechando el privilegio de ese tercer nivel de conciencia. ¿Así cómo podemos esperar que al levantarnos por la mañana las noticias tengan realmente algo que aportar?

Es triste que la gran mayoría se ufane de tener la conciencia limpia, por la única razón de no usarla nunca. Finalmente hemos dejado de mirar.

 

“El mundo no es, el mundo está siendo» Paulo Freire

 

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.

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