SUCESIÓN EN LA UA de C, ¿EN VERDAD HABRÁ “TIRO”?

26 febrero 2016
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olveraSUCESIÓN EN LA UA de C, ¿EN VERDAD HABRÁ “TIRO”?

RUBÉN OLVERA MARINES

Durante más de treinta años, la sucesión en la Universidad Autónoma de Coahuila (UA de C) ha sido tan entretenida como lo es un museo de arte abstracto para un niño de ocho años, sin sorpresas y sin diversión, con piezas monótonas y trazos predecibles. Nuestro niño curioso, acostumbrado al debate y a la confrontación de ideas, no ha encontrado, ni siquiera una tenue luz de entretenimiento, desde aquella elección de 1984 cuando Jaime Martínez Veloz y Armando Fuentes Aguirre, cada uno desde su particular enfoque y trinchera, debatieron y confrontaron con propuestas al proyecto institucional de la continuidad que representaba quien a la postre resultó el triunfador en la contienda, Valeriano Valdés.

No se recuerda, luego del arribo a la rectoría de Jaime Ortiz, enseguida Remigio Valdés, siguiéndole Alejandro Dávila, para posteriormente darle paso a José María Frausto, Jesús Ochoa, Mario Ochoa, hasta el actual rector, Blas Flores, una confrontación de ideas, de hecho, de tres ideas, como la sucedida en aquel año del 84. Cada uno de ellos triunfó sin mayores complicaciones electorales, prácticamente sin oposición alguna, sin necesidad de contrastar sus respectivos proyectos. Ejercieron sus referidos periodos en paz, con relativa armonía. Los resultados y las transformaciones que hicieron o dejaron de hacer, sólo un universitario las conoce bien.

Los ochentas tuvieron su encanto. En aquellas épocas, los propios seguidores de Jaime Martínez, hablaban de tres propuestas, tres opciones, tres rumbos para la universidad. Las tres «corrientes políticas» a las que se referían iniciaban con Valeriano Valdés que, a decir de los seguidores de Jaime Martínez, representaba la «continuidad institucional», algo así como la reproducción del régimen político vigente al interior de los recintos universitarios. Luego, los «conservadores», con Armando Fuentes Aguirre al frente; buscaban recuperar y enaltecer el desarrollo académico de la universidad. Y, por último, la propuesta de «izquierda», progresista, así se autonombraron, capitaneada por Jaime Martínez, también conocido como el «Jimmy»; pretendían construir una universidad atenta y dispuesta a servir como vehículo de transformación social.

Podemos estar o no de acuerdo con las «etiquetas» asignadas a los personajes que participaron en aquel proceso electoral universitario de 1984.Podríamos diferir y debatir hasta el cansancio acerca de las bondades y debilidades de cada una de las tres visiones universitarias de aquel tiempo. En lo que creo que sí coincidimos es en que, después de lograda la autonomía universitaria allá en 1973, la elección del 84 representó un quiebre y, el resultado de aquel proceso, trazó el rumbo que, para bien o para mal, la UA de C ha tomado hasta nuestros días. Lo que triunfó, en aquel histórico proceso, fue la denominada «continuidad».

No es mi papel calificar política o académicamente lo descrito. Pero sí lo es de llamar a la reflexión. La UA de C tendrá elecciones pronto. Por más vueltas que le doy, sólo se me ocurre pensar que después de tres décadas, al mirarse en el espejo, los universitarios se percatan de que han cambiado casi nada, una canita por allí, otra por allá, pero en lo esencial, las propuestas alternativas y el debate, brillan por su ausencia.

¿Qué sucederá en la máxima casa de estudios en abril o mayo de 2016? Todo indica que la misma historia, protagonizada por un candidato único, oficial, se repetirá. Con un matiz, una diferencia que, desde mi punto de vista, puede resultar sustantiva para el futuro de la universidad. En este momento, previo al proceso oficial para la designación del candidato, existen al menos dos propuestas, dos ideas, dos proyectos que, dentro de la institucionalidad que ha caracterizado a la UA de C, pueden resultar en verdaderas alternativas, perfiles distintos, enfoques puntualmente diferentes, visiones divergentes en lo que respecta al modelo de universidad que los aguerridos «Lobos» desean edificar para los próximos años.

Me refiero, tú los conoces bien, al actual rector, Blas Flores Dávila, y al secretario general, Salvador Hernández Vélez. Ambos, como lo señala atinadamente la columna Acontecer de El Heraldo de Saltillo, se les reconoce por ser “institucionales hasta la médula”. Correcto. Pero la institucionalidad no significa convergencia.

El “1” y el “2” han integrado armónicamente sus perfiles para mantener a la U A de C en paz y trabajando. Pero son distintos. Su formación y sus luchas son paralelas. Uno ha construido, el otro ha cosechado. Para uno lo social y lo académico se complementan, para el otro la técnica como herramienta para administrar la educación. Uno se muestra dispuesto a transformar, para el otro lo incremental como estrategia de cambio. Insisto, tú los conoces bien.

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