Recién estuve en Cuatrociénegas está semana que termina, pernocté en una finca muy bonita que posee uno de mis hermanos, este hospedaje no fue gratuito, me vi convidado a cortar el crecido pasto y a regar, labor que me distrajo de mis habituales actividades; estoy agradecido. Tuve la suerte de saludar a entrañables amigos; es Ciénegas un pueblo de gente buena, de anfitriones sin iguales. Municipio caliente y turístico de Coahuila; nuestro Pueblo Mágico.
Doce mil habitantes dicen que tiene este paraje, pero parecen ser menos, aunque hay que saber que su geografía es dispersa y sus rancherías son lejanas, de tal suerte que no aprecias alguna población rendida bajo el ardiente sol del semidesierto. Otra parte quizás ande buscando el sueño americano para enviar dólares a su sufrida familia, ahora que conviene; está caro. Agricultura un poco y otra parte dedicada a la ganadería, algunos suertudos a elaborar o coyotear cera de candelilla y algunos otros son mineros (hay mármol, yeso, y otras piedras y derivados).
El campo está dolido, sediento de programas de gobierno y de apoyos, ardido por el sol y por el indolente abandono, pero la gente de Ciénegas es entrona, valiente, toma decisiones y harta cerveza. Son luchadores natos, arrancan al desierto sus jugos ocultos en sus palmares, en los cactus y lechuguillas. Hay un poco de cacería cinegética y algo de comercio que atiende con dedicación al turismo ocasional y vacacional, que visita las pozas (cerradas algunas) y sus Dunas de Yeso y otros parajes hermosos que son postales, dignos de esta tierra prodigiosa y envidia de muchos lares. Los viñedos y la vinicultura aún resisten, La Casa Ferriño es famosa por sus vinos generosos. El rapel es ahora atracción local.
Lala, Soriana y otras empresas y empresarios han volteado a Cuatrociénegas. Allá hay fama de que el agua abunda aun siendo desierto. Y sí, algo de agua hay en el subsuelo aunque el suelo sea árido. Pero los paperos y pastureros, de grandes extensiones, están agotando rápido los mantos friáticos y las reservas. Se dice que la leche de Lala y las papás de los saltillenses que producen en este sitio mágico, están tan buenas que llevan agua milenaria en su conformación. Esto tiene que ver con la riqueza ancestral de especies microscópicas que habitan en los depósitos de agua bajo la tierra.
Alma Negra es el injusto apodo de un perforador de esta localidad, es un trabajador que opera una máquina perforadora y que hace otras actividades relacionadas, conviene recordar que la gente de Ciénegas es laboriosa y habilidosa. “Alma Negra” es un buen tipo de corazón noble solo que es un tanto atufado, pero su persona no hace honor al apodo, de hecho no conozco a nadie en esta ciudad que sea de esta condición, de mala entraña; y claro como en todo sitio debe haber de todo, pero he tenido suerte o son muy pocos los malos, y eso…es muy buena noticia.
Cuatrociénegas es un remanso de paz para quienes lo visitamos, es tranquilo y callado. Están arreglando su entrada, la avenida principal que cruza de lado a lado su geografía urbana, fue remozada: Fachadas arregladas y pintadas de colores amables, acordes al pueblo y a su gente. Las casonas que abundan en el Centro y en la vieja población, son altas, de estilo acogedor, muy típicas de ellos. Bonitas construcciones, adobe, piedra, grandes ventanales y puertas tan viejas y atractivas, que al verlas parecen contar historias. Algunos pudientes han arreglado haciendas y casonas grandes, muchas emblemáticas; ahora se distinguen al paso de los vehículos y le dan un aire señorial a la ciudad.
Hay un matrimonio de amigos, Luis Díaz de León Arévalo y Nubia Ríos, ellos nos han hecho el honor de trascurrir por nuestra vidas por tantos años. Son gente buena, de cepa, de molde antiguo, noble y generoso. Tienen dos hijos (Luis y Bety), los hemos visto crecer y formar su carácter; buenos muchachos, empeñados en salir adelante. Nos enorgullece ser sus amigos y ver como luchan contra el desierto de la vida, como lo hacen sin vencerse ante lo duro del terreno en donde les tocó vivir. Luis es ganadero, y arquitecto por afición, de herencia de labor y campo, Nubia tiene una exitosa Guardería.
Cenamos en casa de la familia Díaz de León Ríos, fuimos atendidos con afecto, generosidad y alegría, dignos atributos de los hijos de esa tierra. Nos acompañó otro viejo amigo, veterinario de profesión, dedicado a la docencia desde hace muchos años; maestro respetado y trabajador, Julián Humberto Flores González. Ojalá pronto veamos a alguno de ellos presidir los destinos de su pueblo amado, falta que quieran dedicar parte de su vida ello. Me queda claro que cualquiera de ellos lo haría con honestidad, con pasión y voluntad de servicio; atributos escasos que ellos poseen.
Hay almas negras en todos lados, en todas latitudes; Dios nos libre de toparnos de frente con alguno, aunque gobierne.
Escrito por: Adrián Garza Pérez
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