EL SUEÑO Y LA PESADILLA DE ANTONIO GUTIÉRREZ JARDÓN
RUBÉN OLVERA MARINES
Antonio Gutiérrez Jardón es uno de los pocos funcionarios de la administración estatal que se le nota activo y enterado. Lo mismo se le encuentra promocionando a la entidad en Corea, China, Sudamérica y Europa, que preparando la Expo Aladi a celebrarse en octubre de este año en Coahuila, o tomando posesión como vicepresidente de la Asociación Mexicana de Secretarios de Desarrollo Económico.
Si la agenda económica de Coahuila no se redujera a la promoción económica para la atracción e inversionistas extranjeros, lo cual es importante pero insuficiente para una región que aspira a consolidar su desarrollo, el empresario lagunero apuntalaría su posición como un destacado estratega económico y gestor de inversiones, y si me apura, hasta carrera política podría hacer el hoy funcionario.
Algunos resultados avalan lo dicho. En esta administración, la entidad consolidó su posición de atractivo para los inversionistas extranjeros: 4 mil 300 millones de dólares han ingresado a la entidad de 2012 a 2015; con este monto, la presente administración supera cada uno de sus antecesores. Además, el secretario Gutiérrez Jardón, se ha mostrado bastante hábil para vincular la instalación de nuevas empresas con las giras de promoción que frecuentemente realiza por el orbe.
Así que, si la promoción económica en el exterior se ha establecido como el modelo único e indiscutible para promover el empleo, las empresas coreanas se han convertido en la obsesión de la presente administración. Ante el cuestionamiento de algunos empresarios de la entidad, Gutiérrez Jardón, que sabe perfectamente en donde está pisando, defendió la inversión coreana, diciendo que si no se hubiera realizado la promoción en ese país, “15 mil empleos no se habrían obtenido para la entidad”.
Pero lo que era una obsesión, que ha llevado al titular de la Secretaría de Desarrollo Económico, Competitividad y Turismo de Coahuila (SEDECT) a ‘abrirse de capa’ por los coreanos, recientemente se ha convertido en un sueño que no le deja dormir, que le impide el descanso cuando acude a su querido Parras, Coahuila.
Y es que al atestiguar las desavenencias sostenidas entre la coreana Kia y el gobierno de Nuevo León, el estratega económico coahuilense ha levantado la mano y pegado constantes brincos para llamar la atención y traer al estado a la armadora automotriz coreana Hyundai, hermana mayor de Kia.
Es cierto, la inversión del ramo automotriz no ha dejado de fluir. Sin embargo, ya lo hemos dicho en otra ocasión, la cereza en el pastel, el resultado por el que puede pasar a la historia, el logro que otorga candidaturas, sería el anuncio de la instalación en Coahuila de una nueva armadora automotriz.
Pero hay un problema. Durante las noches frescas de la capital coahuilense, los sueños por momentos se convierten en pesadillas. Hoy sabemos perfectamente que el éxito de Nuevo León, Guanajuato y SLP, que de pronto los volvió atractivos, prácticamente irresistibles, para las armadoras automotrices, principalmente las asiáticas, fueron los considerables incentivos económicos que cada entidad ofreció.
El portafolio que carga Antonio Gutiérrez en sus giras por Corea y otros países, contiene una linda presentación, cuidadosamente preparada por su equipo de la SEDECT, y en donde se destacan las ventajas competitivas de la entidad. Sin embargo, una vez concluida su intervención, los ejecutivos de aquellas empresas continúan mirando fijamente el portafolio, como esperando que el funcionario saque “algo más $$$”.
Antonio Gutiérrez Jardón recuperó la esperanza cuando el gobierno de Nuevo León anunció recientemente que reducirá considerablemente los incentivos económicos que se ofrecen a las empresas; volvió a soñar en Hyundai.
Pero al dirigir la mirada a su portafolio, desgastado por el ir y venir al país asiático, y al recordar que no contiene más que un atractivo engargolado en cuya portada destaca la imagen de la catedral saltillense, la pesadilla regresó.





