«No hay obra que no se vuelva contra su autor»
E.M. Cioran
Conmovía observar al maestro Jesús Fraustro Campa leer con total atención cada una de las páginas de su periódico favorito, el Excélsior. Lo hacia todos los días, temprano por la mañana, allá en su casa de General Cepeda. Con sólo mirar uno aprendía. Algunos momentos también resultaban divertidos, ya que aprovechaba la nota principal de su diario para esbozar jocosas críticas hacia algunos políticos; Oscar Flores Tapia y Enrique Martínez y Martínez estaban entre sus clientes favoritos; a ambos los reconocía como sus “Hermanos».
Para el maestro Jesús Fraustro todo era un rito. El desayuno, una liturgia. Su ofrenda consistía en apreciar y disfrutar cada párrafo y cada imagen de su periódico impreso. No imagino al fallecido maestro utilizando su pulgar para pasar página en una Tablet o en Móvil, como la mayoría de los lectores lo hacen hoy en día.
Cuando tengo un periódico en mis manos, viene a mi mente aquel rito, el hombre frente a su papiro, sin la Web o un Smartphone de por medio. Lo que no recuerdo es la última vez que acudí al estanquillo para conseguir un diario impreso, simplemente no lo recuerdo. Afortunadamente, mi madre es todavía de las pocas personas que a diario reciben su papel en las puertas de su casa, así que, cuando la visito cada domingo, lo primero que hago es desparramarme en su sillón para dedicarme a cada una de las secciones del periódico local. Vaya que se disfruta. Inténtalo, las columnas se leen mejor en papel.
El maestro Fraustro Campa falleció en 2011 a la edad de 110 años. La conmoción que actualmente acongoja a los amantes de la tinta y el papel es que, probablemente, la mayoría de los periódicos que conocemos, al menos en su versión impresa, no se acercarán ni siquiera a la mitad de la edad a la que falleciera el maestro cepedense.
Por todo el orbe, de los más pequeños a los más grandes, de los más jóvenes a los más antiguos, periódicos, hasta ahora impresos, están desapareciendo. El experto en medios australiano Ross Dawson, publicó un estudio en 2010 en donde establecía que los periódicos impresos desaparecerían en el transcurso de los siguientes treinta años.
La profecía de Ross puede cumplirse. Recientemente, el diario británico The Independent, dejó de imprimirse. Antes, también en Inglaterra, el llamado periódico más antiguo del mundo, Lloyd´s List, hizo lo propio. El Jornal do Brasil, The New York Times, El País, entre otros importante diarios, referentes a nivel mundial, están pensando parar sus prensas para convertirse, exclusivamente, en diarios digitales. Si acaso, refieren algunos editores, dadas las bajas ventas del papel, aspirarían a realizar una solitaria impresión semanal.
Seamos claros: el punto no es la desaparición del lector. El cambio reside en el medio, su transformación: su obra, la versión digital, en línea, electrónica, se volvió contra su propio creador. Y la creación se hace acompañar por gendarmes digitales, como dice el escritor y guionista español Fernando Trueba, hacen sentir a quienes aún leen el periódico en papel como personajes “caducos, fuera del tiempo”.
Para un buen lector, hasta un pergamino. Sin embargo, me gustaría que aún viviera el maestro Fraustro Campa, para que pusiera en orden y en su lugar a quienes vaticinan la pronta desaparición del papel. “¿Qué ‘diantres’ es eso del ¡Pad?”. Preguntaría con voz fuerte el maestro Fraustro, al tiempo que fija su mirada a la página de opinión de su Excélsior impreso.
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