El Gobernador de Coahuila conocido por su peculiar hipocresía guarda profundo silencio sobre lo que hoy lesiona a Mexico, en sus tiempos cuando gustaba de disfraces de casta socialista y revolucionaria vestía de caudillo apelando la justicia social, solo le faltaba el bigote poblado para emular a zapata, ese personaje que echo en estatua de bronce adornaba sus modestos escritorios; Donde quedo ese Rubén Moreira quien antes de la cirugía lucia con menos pelo, más arrugas y aun que con la misma panza gustaba de echar bravata en contra de las injusticias sociales y el mal gobierno.
Aun recuerdo cuando con míseras despensas organizaba a campesinos para que no se dejaran envenenar con la instalación de un tiradero tóxico en Ramos Arizpe, aquel Rubén que desde la tribuna comprada con dinero del erario y la popularidad familiar le gritaba espurio al presidente de la república en un tono engallado, también viene al recuerdo su sencillo vestir con colores kaki en sus pantalones de gabardina y sus camisas blancas o rojas pretendiendo homenajear a Fidel Castro cuando entonces presidente del partido que aun mantiene secuestrado manejaba una modesta Ford Ranger cuatro cilindros y por cierto blanca también, Vehículo que en su momento le sirvió para mostrar una falsa modestia soportada por el pregón de que sus ingresos totales no superaban los 20 mil pesos mensuales.
En esos tiempos de fingir los pensamientos Marxistas y el actuar influenciado por el centauro del norte comúnmente criticaba la pobreza, sollozaba por el precio de la tortilla, sufría el aumento de la canasta básica postrado hombro a hombro entre los ciudadanos pobres con una conducta de inflexiones, a su tiempo los aumentos de la gasolina le producían espasmos de cólera los cuales le generaban lanzar gritos en publico ante tal atrocidad.
Por su puesto su sufrimiento ante la muertes provocadas entre delincuentes en la lucha contra el narco también eran evidentes; Como sufría el pobre Rubén, como le indignaba la injusticia social.
Ante tanto remembrar seria imposible no recordar las famosas marchas de los Sartenes y las cacerolas, cuando apoyado por todo su séquito organizaba tumultuosas marchas a lo largo y ancho de todo Coahuila, como si fuera ayer le puedo ver parado sobre un templete dispuesto frente al edificio de su partido, a su lado gatos y siervos formados a su diestra y siniestra, todos portando el emblemático utensilio de cocina símbolo inequívoco de su lucha social ante la carencia y la pobreza, esos tiempos en que los medios pagados que al igual que el han disfrutado de lo publico disponían los titulares para presumir el dictado oficial “ Mas de 25 mil personas en Saltillo acompañan en la marcha a Rubén” “ 300 mil almas protestan en todo Coahuila al unísono de Rubén “ .
En Coahuila siguen sin explicación 34 mil millones de pesos y nadie reclama, el antecesor y amigo de Rubén Jorge Lopez Torres continua prófugo de la justicia pero nadie le busca en el Estado, dos ex Gobernadores de Tamaulipas son buscados por la DEA pero en el partido de Rubén nadie les menciona, él presidente de la república al igual que otros funcionarios del gabinete han construido sendas mansiones y su riqueza es inexplicable y ante ello ningún funcionario estatal alza la voz, miles de muertos, homicidios y otros delitos suceden a diario pero su acontecer no parece perturbar la conciencia del entonces caudillo, cientos de civiles muertos, maestros atacados por policías, un gobierno represor, periodistas asesinados.
Ayotcinapa, Tlatlaya, Iguala, Guerrero, Michoacán, Oaxaca parecen no ser ya motivo de entusiasmo para el reclamo, los aumentos de la gasolina pasan indiferentes, la paridad del dólar o la perdida del valor del peso no prenden ya los ánimos revolucionarios del hoy Gobernador de Coahuila.
¿Donde están las cacerolas Don Rubén Moreira? ¿ Donde las mantas de no más impuestos? Donde los gritos que califican de espurios o asesinos a los Presidentes de la República? ¿ Donde el reclamo ante el aumento de los ciudadanos en condición de pobreza extrema?
Acaso su visión socialista que construyo su asenso al poder quedo en el olvido o es que aun no ve condiciones suficientes para organizar de nuevo sus marchas.
La hipocresía no es un pecado capital pero si un pecado político, por lo visto el pastel no alcanzo para repartir o prefirió sufrir el empacho, hoy resulta que los pantalones kaki le generan rozaduras y que los pobres le importaron solo mientras compartía sus carencias.
Atila.






