Con un Oaxaca aún caliente se incendió Chihuahua, donde el desabasto de gasolina fue irónicamente el combustible de los subversivos para que intentaran tomar el Palacio de Gobierno y sacar por la fuerza al aún Gobernador Duarte; la violencia de los manifestantes fue respondida con más violencia del Estado, y otra vez todo se salió de control.
Soy de los que creen en el empoderamiento ciudadano, pero eso no significa que se goce de libertad para delinquir en nombre del pueblo, pues el límite de mis derechos termina justo en el límite donde empiezan los de los demás. Oaxaca y Chihuahua son ejemplos de la más degenerada lucha social, sí es que acaso es lucha y no negocio personal; pero es que es imposible, aunque gozaran de la razón, ponerse del lado de las fuerzas de orden del Estado después de Ayotzinapa, Tanhuato, Florence Cassez y los mil episodios de impunidad en México.
Sí, a Peña Nieto se le está cayendo el país a pedazos, pero no solo a él, también a nosotros los ciudadanos que desde nuestra zona de confort señalamos pero no participamos de manera activa en la vida política de nuestra nación.
Luis Héctor Álvarez quiso ser Gobernador de Chihuahua y el corrupto sistema priísta de los cincuentas no se lo permitió, ordenada y pacíficamente lideró una caravana en protesta que recorrió el país; el mismo Don Luis en los ochentas se volvió a manifestar al sistema para exigir democracia con una huelga de hambre que duró cuarenta días.
México no necesita personas que en la incapacidad de su alma y lo vacío de su corazón lleven a nuestra nación al colapso por la vía de la violencia, por el contrario, está urgido de mujeres y hombres de Estado que entiendan que solo desde la legitimidad de las ideas y razones cambiará nuestro país.
Una pregunta.
Los ciudadanos coahuilenses, no los políticos, tenemos una importante decisión en 2017, ¿estaremos a la altura?





