
LA NEFASTA HISTORIA DE LAS EMPRESAS PÚBLICAS
Asociado a la naturaleza de un servicio o bien de primera necesidad, los gobiernos populistas en su afán de tener más control de la ciudadanía siempre han tendido a crear o expropiar empresas por el beneficio público y social bajo el slogan “que es del pueblo y para el pueblo”. La 4 T no es la excepción y la reforma eléctrica y el litio son el vivo ejemplo de esta situación.
He aquí lo nefasto que ha sido el manejo de estas empresas por parte de los políticos, teniendo bien ganado su fama de corruptos y malos administradores. En el periodo 1970 a 1982, dos sexenios para ser exactos, el gobierno federal se hizo dueño aparte de PEMEX Y CFE, de empresas en el ramo alimenticio (CONASUPO, MINSA, LICONSA), de comunicación(TELMEX, IMEVISION), siderúrgico(ALTOS HORNOS, LAS TRUCHAS), agrícola, automotriz pesada (DINA), y otras. Todo ello, creando toda una estructura burocrática y administrativa en cada una de ellas y una subsecretaría para su control. En aquel entonces se vivía en una bonanza petrolera y había recursos para ello.
El despilfarro no se hizo esperar. PEMEX llego a producir 3.7 MBD, de los cuales más de la mitad se exportaba. Hoy no podemos llegar a 1.5MBD de producción total y la empresa de “todos los mexicanos” está quebrada. Corrupción y una pésima administración, las causas. Lo triste, no hemos aprendido la lección, el número de trabajadores sigue en el mismo nivel 120 mil y el actual director, de los funcionarios de más confianza de AMLO, ¡es ingeniero agrónomo! Los líderes sindicales se perpetúan en el poder y se enriquecen a manos llenas, mientras las instalaciones operativas, de servicios y los trabajadores carecen de recursos para trabajar, menos para su mantenimiento y proyectos futuros.
Todas estas empresas que formaron el sector paraestatal tuvieron el mismo destino, los fraudes, compadrazgos y una elite cercana a los presidentes, las arrastraron al fracaso. La administración de la bonanza petrolera desapareció, y nuestra deuda interna y externa se fue a las nubes. Todas estas empresas quebraron, se mal vendieron y fueron a dar a amigos y compadres de quien manejaba el gobierno federal. Ese es el origen del político-empresario, empresario-político que ha hecho tanto daño al país.
La 4T en su afán populista y de tener el control, quiere repetir la historia con CFE. El PRI se acabó PEMEX, ahora ellos quieren acabar con CFE y el litio y lo peligroso, sin recursos ni tecnología. Su director actual, ex priista de hueso colorado, abogado y lleno de escándalos políticos, es su punta de lanza.
Técnica y prácticamente, las empresas públicas se vuelven burocráticas y su toma de decisiones y estrategia cambia de rumbo. En lugar de crecer y modernizarse, depende de decisiones de los políticos, que la mayoría de las veces nada tienen que ver con el bien de la empresa y de los consumidores, dado su status monopólico en la economía y sus pocos proyectos de modernización ligados al tráfico de influencias y corrupción. Los que las dirigen u operan no son los más preparados y capaces, son incondicionales al poder político Todo ello se traduce en altos costos para la misma y precios más elevados para el consumidor final. Las ineficiencias las traducen en subsidios con cargo al erario público.
La CFE y la contrarreforma promovida por AMLO y la 4T, cumple todos los requisitos para fracasar, al frenar su modernización y apertura al mercado, impidiendo que lleguen tecnologías avanzadas en la generación de electricidad y extracción de Litio. Esto afectará fuertemente el avance de energías renovables y limpias y pondrá en riesgo al TMEC, al no cumplir con estos compromisos y por lo tanto frenar el crecimiento económico y la creación de empleos.
TOTAL QUE NO APRENDEMOS LA LECCION Y ESTE POPULISMO SIGUE SIENDO NUESTRO PEOR LASTRE.


