ALGO QUE VALE LA PENA LEER ALBERTO BOARDMAN

15 marzo 2019
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Los Hermanos Karamazov 

“Quiero vivir para la inmortalidad, no estoy dispuesto a aceptar un compromiso a medias.” Dostoievski

Y tal pareciera que lo dicho por uno de los personajes protagonista de su más elogiada novela: “Los Hermanos Karamazov”, hubiese confabulado una profecía con dedicatoria para su autor, ya que Fiódor Dostoievski lograría pasar a la historia junto a los nombres de Cervantes, Shakespeare o Víctor Hugo, alcanzando la dimensión de “clásico”.

Sigmund Freud calificó esta última obra de Dostoievski como la “magnífica novela jamás escrita”; Kafka y Nietzsche, no tuvieron más que halagos para las más de mil páginas que el autor tardó dos años en completar, apenas unos meses antes de morir.

Incluso el genio de Albert Einstein sentenció: “Aprendí más de Dostoievski que de cualquier otro pensador científico.” Y bajo esta última aseveración existe una historia según la cual, Einstein reflexionó sobre las tesis y el pensamiento del personaje racionalista y ateo Iván Karamazov, que en una de sus disertaciones referenciaba una de las teorías de Euclides (matemático y geómetra griego conocido como el padre de la geometría), en la que dos líneas paralelas nunca podrían llegar a encontrarse en la tierra, pero dejaba abierta la posibilidad de que pudieran hacerlo en el infinito del universo. Einstein lograría comprobar entonces a través de la Teoría de la Relatividad General, como la gravedad es consecuencia de la geometría curva del espacio tiempo y por ende en el universo dos líneas paralelas sí pueden llegar a unirse en un punto posible.

Pero más allá del aporte científico, que seguramente sólo algunas mentes como la de Einstein visualizaron en la obra, “Los Hermanos Karamazov” representa un diálogo incesante entre la búsqueda de la razón y la filosofía, versus la fe y espiritualidad, enfatizando como mejores herramientas de evolución humana, el libre albedrío y la concepción moral de lo bueno y lo malo, como esas brújulas necesarias en nuestro actuar. Porque como bien sentenciara Dostoievski: “En el duelo entre Dios y el diablo, el corazón humano es el campo de batalla.”

Somos lo que hemos leído y esta es palabra de lector.

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